¿Desarrollar TICs en nuestras aulas es innovar?

El texto de Claudia Islas (2007) analiza el impacto de las TICs en la educación, destacando cómo han transformado la gestión del conocimiento y los procesos de enseñanza y aprendizaje. A partir de investigaciones realizadas entre 2010 y 2017, se identifican avances relevantes, como la masificación del acceso al conocimiento mediante los MOOC y el uso de la web 2.0, bajo el enfoque del conectivismo. Sin embargo, también se evidencian limitaciones importantes, como la escasa formación continua del profesorado, la falta de habilidades digitales y la carencia de metodologías realmente innovadoras. Se advierte que el acceso a la tecnología, por sí solo, no garantiza una mejora en la calidad educativa. Desde una perspectiva prospectiva, se plantea la necesidad de promover aprendizajes más flexibles y motivadores (como la gamificación) y de desarrollar competencias que permitan gestionar eficazmente la abundancia de información. A pesar del avance tecnológico, la educación continúa rezagada, por lo que resulta imprescindible profundizar en investigaciones empíricas que orienten un mejor uso educativo de las TICs.


Las competencias digitales representan un elemento clave para impulsar la innovación educativa. Cuando se integran adecuadamente, las tecnologías pueden hacer más eficientes los procesos de enseñanza y responder a las demandas del siglo XXI. Sin embargo, es importante reconocer que, en muchos contextos (especialmente en zonas rurales y marginales), el acceso a recursos tecnológicos sigue siendo limitado. Por ello, es fundamental recurrir a la creatividad para innovar desde el aula, incluso sin depender exclusivamente de herramientas digitales, generando cambios significativos a través de pequeñas acciones cotidianas.


Aun en medio de estas limitaciones, el desarrollo de competencias digitales en el profesorado continúa siendo esencial. Esto les permite actualizar sus prácticas pedagógicas, mantenerse informados y acompañar a sus estudiantes en el desarrollo de habilidades necesarias para enfrentar los retos del futuro.


En este sentido, las propuestas innovadoras deben partir de metodologías pedagógicas sólidas, y a partir de ahí integrar, cuando sea pertinente, el uso de las TICs. Pero es importante subrayar que su simple incorporación no implica necesariamente una innovación. La clave está en cómo se utilizan para transformar las prácticas educativas.

Referencia:
Torres, Claudia Islas. 2017. «La implicación de las TIC en la educación: Alcances, Limitaciones y Prospectiva / The role of ICT in education: Applications, Limitations, and Future Trends». RIDE Revista Iberoamericana para la Investigación y el Desarrollo Educativo 8 (15): 861-76. https://doi.org/10.23913/ride.v8i15.324.

Innovación pasada que permite seguir innovando

El texto de Mariano Martín y Elena Castro, presentado en el Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación (2014), reflexiona sobre la estrecha relación entre innovación y educación. Los autores citan a Bouchard (1999), quien define la innovación social como toda práctica nueva adoptada para resolver problemas sociales. Esta definición me resulta interesante, ya que permite un enfoque valioso dentro de las ciencias sociales y, en particular, de la educación.

Asimismo, señalan que la educación transmite herramientas culturales consolidadas, producto de innovaciones pasadas, pero que también debe preparar para un futuro incierto, el cual demandará nuevas competencias. Esta tensión entre legado y porvenir representa uno de los grandes desafíos educativos actuales. Además, destacan que no es suficiente con que algunos docentes innoven; es fundamental que toda la organización educativa promueva una cultura y estrategias que favorezcan la innovación. En este sentido, proponen la modificación de los sistemas de evaluación como una vía efectiva para iniciar cambios profundos, superando prácticas inerciales que obstaculizan el desarrollo educativo y social.

En este contexto, innovar nuestras prácticas docentes se vuelve esencial para que nuestros niños y jóvenes también sean capaces de innovar. Por ello, es necesario romper con prácticas inerciales como las rutinas, los horarios rígidos o la simple repetición de contenidos, que limitan la capacidad de transformación en las escuelas.

En consecuencia, nuestra propuesta dentro del proyecto final, enfocada en una retroalimentación efectiva, motivadora y personalizada, busca romper con esos modelos tradicionales de evaluación. No debe centrarse únicamente en un resultado final, sino también valorar el proceso de aprendizaje. Esta propuesta, además, deberá ser evaluada a mediano y largo plazo, con el fin de ajustarse a la realidad identificada y consolidarse como un proceso de mejora continua.

Referencia:
Martín-Gordillo, Mariano, y Elena Castro Martínez. 2014. «Educar para innovar,
innovar para educar». https://digital.csic. es/handle/10261/132487.

Educación del futuro


En la búsqueda de construir una educación que esté a la altura de los nuevos desafíos (como los avances tecnológicos, los aspectos socioemocionales, la diversidad en la composición familiar y las necesidades educativas específicas, entre otros), es fundamental analizar cómo nuestras clases pueden brindar herramientas que permitan a los estudiantes convertirse en generadores de ideas innovadoras orientadas a aportar soluciones a su entorno.

En este sentido, los docentes desempeñamos un rol clave en la planificación de procesos que promuevan la creatividad tanto dentro como fuera del aula, tal como lo señala Elisondo (2018). Fomentar la creatividad en docentes y estudiantes posibilita el desarrollo de una educación más inclusiva, significativa e inspiradora; una educación en la que todos seamos protagonistas en la generación de conocimiento, con la mirada puesta en resolver los problemas reales que se presentan en los diferentes contextos.

Considero especialmente valioso el aporte de Elisondo en el proceso de ideación del proyecto final para la asignatura de Innovación Curricular, ya que ofrece perspectivas e ideas que pueden integrarse o complementarse con las que estamos generando junto al resto del grupo.

Referencia

Elisondo, Romina Cecilia. 2018. «Creatividad y educación: llegar con una buena idea». Creatividad y sociedad: revista de la Asociación para la Creatividad, n.o 27 (Febrero): 145-66.

La innovación educativa en un mundo cambiante

En un mundo volátil, como lo define Bauman (2008) mediante el concepto de “modernidad líquida”, los constantes cambios (muchos de ellos impulsados por el mercantilismo) afectan incluso aspectos fundamentales como el tiempo y el conocimiento, que ahora se consideran activos. En este contexto, los rasgos de una educación ortodoxa (como las costumbres establecidas, los valores permanentes y los modelos cognitivos estructurados) comienzan a verse más como desventajas que como fortalezas (Bauman 2008, 37). Ante esta realidad, cabe preguntarnos: ¿qué importancia tiene la innovación educativa?


Este análisis debe centrarse en la innovación curricular como una alternativa que permita introducir cambios orientados a mejorar la educación en un mundo tan dinámico como el que habitamos. Se trata de avanzar hacia una educación que no se enfoque exclusivamente en los contenidos, sino que promueva el desarrollo de competencias, clave para la vida. En ese sentido, la innovación puede manifestarse en diversos aspectos: desde la contextualización y relevancia de los programas curriculares, hasta la adopción de metodologías activas que fomenten una participación más significativa del estudiantado en el proceso de enseñanza y aprendizaje.


Asimismo, la incorporación de la tecnología resulta importante, ya que permite desarrollar competencias digitales tanto en docentes como en estudiantes, lo cual es esencial para responder a los desafíos contemporáneos. A su vez, la planificación organizacional y el liderazgo educativo deben ser considerados pilares estratégicos en la toma de decisiones por parte de los gobiernos y entidades educativas, pues sobre ellos recaen las condiciones para que la innovación pueda surgir y sostenerse.


En este marco, el design thinking se presenta como una herramienta poderosa, ya que permite identificar una problemática mediante el contacto directo con los actores involucrados, recolectando información clave para la delimitación y definición del problema. A partir de allí, se pueden idear posibles soluciones y construir una representación de estas ideas, lo que se conoce como prototipado. Finalmente, el prototipo es evaluado por los propios actores para determinar si satisface sus necesidades, o si requiere mejoras para lograr una solución más adecuada (IDEO 2012).

La innovación educativa, especialmente desde una perspectiva curricular y metodológica, se convierte en una necesidad ineludible en este mundo cambiante. Lejos de ser una opción, representa una respuesta coherente y proactiva ante las transformaciones sociales, tecnológicas y culturales. Innovar no significa únicamente integrar nuevas herramientas o modificar contenidos; implica transformar la manera en que concebimos el aprendizaje, el rol del docente y la participación del estudiante. Solo a través de este proceso continuo y reflexivo de mejora podremos construir una educación más pertinente, inclusiva y eficaz para las generaciones presentes y futuras.

Referencias
Bauman, Zygmunt. 2008. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Barcelona: Gedisa.
IDEO. 2012. Design Thinking para educadores. Nueva York: IDEO.