El desafío docente de humanizar lo digital

Desde mi experiencia como docente, coincido con la idea central del artículo de que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han transformado profundamente el panorama educativo, no solo en términos de acceso a la información, sino en la forma en que se generan, comparten y construyen los saberes. Es evidente que las TIC se han vuelto inseparables de los entornos de aprendizaje actuales, como bien lo menciona Islas Torres (2017), al convertirse en parte sustancial de la cotidianidad educativa. Esta realidad obliga al docente a repensar su rol y a asumir nuevas competencias que trasciendan el manejo técnico, hacia una integración crítica y pedagógica de estas herramientas. En mi práctica, he observado cómo el uso estratégico de plataformas colaborativas, simuladores y contenidos multimedia puede enriquecer notablemente la participación y motivación de los estudiantes, siempre que exista una intención didáctica clara. Las TIC, lejos de ser solo un recurso, se convierten en un puente hacia una educación más participativa, inclusiva y contextualizada.

Sin embargo, también debo señalar que coincido con la crítica presentada en el artículo sobre las limitaciones estructurales, pedagógicas y formativas que impiden un verdadero impacto de las TIC en los aprendizajes. La presencia de dispositivos y conexión no es sinónimo de innovación. Como educador rural, me enfrento diariamente a la brecha digital, a la escasa formación docente continua y al uso limitado de las TIC por parte de estudiantes que, si bien son usuarios frecuentes de redes sociales, no necesariamente desarrollan competencias digitales profundas. Como afirma el informe, el reto no está en tener acceso, sino en saber cómo usarlo pedagógicamente. La innovación tecnológica no puede reemplazar el vínculo humano ni la intencionalidad educativa. Las TIC son valiosas, sí, pero necesitan ser acompañadas por metodologías transformadoras, políticas de formación docente y, sobre todo, una visión crítica que coloque al estudiante y su contexto en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Islas Torres, Claudia. 2017. “La implicación de las TIC en la educación: alcances, limitaciones y prospectiva.” Revista Iberoamericana para la Investigación y el Desarrollo Educativo 8 (15): 861–890. https://doi.org/10.23913/ride.v8i15.324

Entre la Vocación y la Rutina

Ser docente hoy en el Ecuador es vivir en una permanente tensión entre la vocación y la estructura. El artículo “Educar para innovar, innovar para educar” nos recuerda que educar no es solo transmitir contenidos, sino preparar a los jóvenes para un futuro incierto, donde la creatividad, la resolución de problemas y la colaboración son esenciales. Sin embargo, en la práctica diaria, nos enfrentamos a contextos rígidos: horarios fijos, evaluaciones estandarizadas, aulas poco flexibles y una carga administrativa que consume el tiempo que deberíamos dedicar a innovar.

Este llamado a una educación transformadora toca profundamente el corazón de quienes elegimos esta profesión por compromiso social. En un país con tantas desigualdades, innovar no es un lujo, es una necesidad. Significa adaptar nuestras metodologías a la realidad de nuestros estudiantes, buscar estrategias que despierten su pensamiento crítico y fomentar ambientes donde el error sea parte del aprendizaje. Como docentes, no podemos esperar condiciones ideales para innovar; debemos actuar desde donde estamos, con lo que tenemos, y con una profunda convicción: que cada esfuerzo por transformar nuestra aula, por pequeño que parezca, es un acto de resistencia y esperanza. Porque educar para innovar, en el Ecuador, es también educar para la equidad y la dignidad de nuestros pueblos.

Martín-Gordillo, M., & Castro-Martínez, E. 2014. Educar para innovar, innovar para educar. Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación. Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). ISBN: 978-84-7666-210-6.

Creatividad y educación: un vínculo necesario para transformar el aula

El artículo de Romina Elisondo (2018), “Creatividad y educación: llegar con una buena idea”, propone una perspectiva profundamente transformadora sobre el papel de la creatividad en el ámbito escolar. En lugar de limitarla al arte o a actividades excepcionales, la autora sugiere que la creatividad debe ser una parte integral de la experiencia educativa. En el contexto actual, donde la educación requiere adaptabilidad e innovación, esta propuesta es más pertinente que nunca.

Una de las ideas más potentes del texto es entender la creatividad como un fenómeno social y contextual, que nace del intercambio entre personas, objetos y culturas. Este enfoque rompe con la noción individualista de la creatividad como talento innato, y la convierte en una posibilidad compartida. Para los docentes, esto implica dejar de ser transmisores de información y convertirse en facilitadores de entornos estimulantes, donde las ideas circulen, se debatan y se transformen. En mi experiencia como docente rural, los mejores momentos de aprendizaje han surgido cuando los estudiantes se sienten escuchados, motivados a participar y desafiados a pensar diferente.

Elisondo también cuestiona los límites tradicionales entre asignaturas. Propone una visión “indisciplinada” de la educación, donde los conocimientos se entrelazan, las preguntas guían el aprendizaje y se rompe con la rutina para fomentar la innovación. Actividades extracurriculares, salidas pedagógicas o simplemente incorporar el asombro como herramienta didáctica, son caminos viables para desarrollar una educación creativa. Esta propuesta también valora las llamadas “mini-creatividades”, esos pequeños gestos, ideas o preguntas que surgen de manera espontánea y que deben ser acogidos como oportunidades pedagógicas.

Reflexionar sobre esta lectura me llevó a repensar mi rol como docente. No basta con llevar una “buena idea” al aula —como sugiere el título del artículo—, también es necesario abrir espacio para que las ideas de los estudiantes florezcan. La creatividad no es un recurso decorativo en la educación, sino una herramienta poderosa para transformar los entornos de aprendizaje y formar sujetos críticos, activos y comprometidos con su realidad.


Referencia Bibliográfica:
Elisondo, R. (2018). Creatividad y educación: llegar con una buena idea. Creatividad y Sociedad.

Educar en tiempos líquidos: hacia una innovación curricular con sentido

“Debemos aprender el arte de vivir en un mundo sobresaturado de información” (Bauman, 2007, p. 46).

La innovación curricular puede entenderse como un proceso de transformación consciente, crítica y contextual del currículo educativo, que busca responder a los desafíos contemporáneos del aprendizaje y la enseñanza. A partir de las reflexiones de Bauman (2007), la educación en la modernidad líquida se enfrenta a un contexto inestable, fragmentado y acelerado, en el que los saberes tradicionales pierden vigencia con rapidez, y las necesidades del mundo actual exigen sujetos flexibles, críticos y autónomos. En este escenario, la innovación curricular no puede ser simplemente una adaptación superficial del contenido, sino una revisión profunda del propósito educativo.

Desde mi experiencia grupal, el proyecto de innovación curricular nos está permitiendo identificar que parte innovar, y ha reconocer las necesidades reales de los estudiantes, sus contextos, motivaciones e intereses. Innovar es también repensar las metodologías, las formas de evaluación, la organización del tiempo y del espacio escolar, e incluso el rol del docente.

Por ejemplo, en nuestro proyecto vamos a incorporar actividades interdisciplinarias, centradas en la resolución de problemas reales de la comunidad, lo que permitió conectar el aprendizaje con la vida cotidiana del estudiante. Por lo que Bauman 2007 menciona que “En el torbellino de cambios, el conocimiento se ajusta al uso instantáneo y se concibe para que se utilice una sola vez” (p. 29). Esta conexión, como señala Bauman, es fundamental, en un mundo donde el conocimiento ya no se valora por su permanencia, sino por su utilidad inmediata y capacidad de adaptarse a contextos cambiantes.

Lo que se consigue con la innovación no es solo una técnica, sino una resignificación del sentido de la educación. Se fomenta una educación más crítica, inclusiva y pertinente, que forma a ciudadanos capaces de actuar éticamente en una sociedad compleja.

En definitiva, la innovación curricular es un acto político y pedagógico que debe surgir del análisis crítico del presente y proyectarse hacia una transformación significativa del futuro educativo.

Bauman, Zygmunt. 2007. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Editado por Gedisa. Primera. Barcelona.