Claridad de roles y dinámicas del pensamiento colectivo en procesos creativos

Reconocer con claridad el rol que cada persona desempeña dentro de un proceso de creación colaborativa es una práctica esencial que debe asumirse tanto desde la perspectiva colectiva como desde la responsabilidad individual. Cada participante aporta desde su función particular al desarrollo del pensamiento científico.

En toda experiencia educativa —antes, durante y después— surgen ideas motivadas por estímulos, muchas veces involuntarios, generados por los propios actores. Estas ideas ayudan a comprender el sentido de las actividades que se realizan, las cuales pueden dar lugar tanto a soluciones como a conflictos que impactan en lo emocional y psicológico. Tales situaciones suelen reflejarse en las dinámicas del aprendizaje grupal, sobre todo cuando existen obstáculos o carencias de liderazgo que dificultan orientar un proyecto hacia metas claras.

Independientemente del grado de dificultad que implique la gestión de un proyecto, todos los involucrados se convierten, de algún modo, en evaluadores del proceso creativo. Por lo tanto, tienen la legitimidad de expresar opiniones y sugerencias sobre el avance, la eficacia y los aportes individuales y colectivos.

Las ciencias paradigmáticas ofrecen múltiples herramientas para nutrir el pensamiento de quienes participan en procesos creativos o productivos. Sin embargo, aunque estas metodologías suelen ser muy efectivas, pueden también generar tensiones debido a la diversidad de enfoques cognitivos que cada persona pone en juego.

Por eso, la claridad en los roles, el respeto por los tiempos del otro y la ejecución pausada de las acciones resultan claves para garantizar un proceso de creación armónico y coherente.

La docencia como acto creativo: enseñar para imaginar

Como docente, la lectura del artículo “Creatividad y educación: llegar con una buena idea” de Romina Elisondo ha sido profundamente reveladora y movilizadora. Me ha permitido repensar mi práctica cotidiana desde una perspectiva más amplia, entendiendo que la creatividad no es patrimonio exclusivo del arte, sino una capacidad transversal que puede y debe desarrollarse en todas las áreas del conocimiento. Este enfoque me invita a diseñar propuestas didácticas que promuevan el pensamiento divergente, la curiosidad, la emoción y la interacción social como motores del aprendizaje, dentro y fuera del aula.
El texto también me interpeló al destacar el rol del docente como generador de contextos creativos, que debe “llegar con una buena idea”, es decir, con propuestas planificadas, pertinentes y desafiantes que despierten el interés de los estudiantes y les permitan apropiarse del conocimiento desde su propia experiencia. Me motiva especialmente la idea de romper con estructuras rígidas, integrar actividades extracurriculares, propiciar el trabajo interdisciplinar y fomentar un ambiente emocionalmente seguro donde las ideas, las preguntas y los errores sean bienvenidos. Sin duda, este artículo me impulsa a seguir buscando formas de innovar en el aula y de potenciar la creatividad como una herramienta para el desarrollo integral de mis estudiantes.

LA INESTABLE EDUCACIÓN MERCANTILISTA

La educación desde su concepción se la asocia al conocimiento y a la labor docente como el puente entre el conocimiento y los educandos. No obstante, se debe mencionar que, en un mundo que cambia aceleradamente; la función del docente y la concepción de la educación han ido cambiando, de manera que se han adaptado a la velocidad con la que la sociedad globalizada también lo ha hecho. El Ecuador, al igual que la gran mayoría de países del mundo está en el modelo económico del capitalismo y este modelo prioriza la producción, que no siempre es de productos o servicios, a veces también es de algo que va más allá de lo estrictamente material. Las personas que quiere el capitalismo deben cumplir con ciertas características para ser útiles en las diferentes dimensiones que haya la posibilidad.

En ese sentido, Bauman, en su texto Los restos de la educación en la modernidad líquida expone una serie de conceptos asociados a la realidad para hacer entender que las practicas educativas ya no son fijas ni duraderas, sino todo lo contrario; inestables, efímeras y “puntillistas”. En este marco se describe a la educación moderna, como un atomizada, donde todo debe ocurrir de inmediato, y claro, ya no queda tiempo ni espacio para ser creativos. Todo debe seguir un molde priorizando la inmediatez, tal cual, en la industrialización de los productos, mismos que han trasladado sus características a la gente que es representada por los estudiantes. Entonces, la motivación para innovar, para crear pasa a un segundo plano. En ese entorno tan volátil es que se puede llegar a presentar la impaciencia por “ser alguien” que gane dinero al lograr -lo antes posible- obtener un título, mismo que es mucho más valorado que el proceso de adquirir conocimientos o adquirirlos como tal.

Una vez que se analiza estos conceptos con las realidades que se evidencian en los colegios, se puede comprobar que no solamente el mercado marca esas normas o formas de educar en la actualidad, es más bien producto de la conjetura de diferentes elementos y circunstancias que rodean la el proceso de enseñanza. Al parecer, esta volatilidad ha afectado a los hábitos y la conducta del ser humano. En la practica de la docencia es frecuente encontrar a estudiantes sin motivación para aprender producto de un cansancio por la supuesta acumulación de tareas. Por lo antes dicho, es ese una de las excusas para justificar -en muchos de los casos- el bajo desempeño académico en sus calificaciones. Sin embargo, se debe resaltar que las tereas en la mayoría de materias se las adecúa a los tiempos de los estudiantes; lo que haría suponer que no es esa la causa del problema. Por otro lado, y quizá aún más preocupante; se encuentra a la falta de motivación o al cansancio docente, ya que de manera constante esperan que se cabe el año y de alguna forma justifican el bajón en la motivación de los jóvenes. Quizá haya docentes que únicamente estén en sus funciones esperando el fin de mes y eso no está mal, pero, que producto de esa inmediatez en querer que se acaben los periodos sí es preocupante porque afecta al normal desenvolvimiento académico del proceso educativo.
Pese a este panorama inestable y muchas veces desalentador, la esperanza educativa no ha desaparecido. Por el contrario, se transforma. En medio de la presión del mercado y la urgencia por producir resultados inmediatos, aún persisten docentes que entienden la educación como un acto profundamente humano y ético. Son ellos quienes, a pesar del cansancio o las limitaciones, siguen apostando por una enseñanza con sentido, que mira al estudiante no como producto, sino como persona.

En nuestras aulas, en cada diálogo genuino, en cada momento en que un estudiante se siente visto, escuchado y motivado a pensar por sí mismo, se abre una grieta en la lógica líquida del sistema. Y es allí donde la verdadera educación sigue teniendo lugar. Como docentes, no todo está perdido si nos reconocemos como agentes de cambio capaces de acompañar procesos, no solo de transmitir contenidos. Apostar por una educación más consciente, más crítica y más humana —aunque sea desde pequeños gestos cotidianos— sigue siendo nuestra mejor forma de resistencia.