Innovar en tiempos de educación sobre masificadora

Para nadie es un secreto que la educación fiscal en Ecuador se basa en la masificación. En las instituciones con suerte, hay unos treinta estudiantes por aula, pero en otras menos afortunadas pueden ser hasta cuarenta. Esto complica la atención personalizada y afecta la calidad del aprendizaje, ya que lo ideal es que los grupos sean pequeños para que cada estudiante reciba una educación más enfocada en sus necesidades y potencial. Sin embargo, el modelo fiscal prioriza la cantidad sobre la calidad, lo que deja en evidencia sus grandes desafíos.


La educación masificadora sigue siendo la regla en el sistema fiscal ecuatoriano, y aunque garantiza el acceso para miles de estudiantes, enfrenta retos serios en cuanto a calidad y adaptación a las exigencias del mundo actual. Como docente fiscal palpo que aunque innovar sea lo correcto para una educación de calidad es difícil en un contexto donde la infraestructura es insuficiente, los docentes tienen cargas laborales extenuantes, y los recursos tecnológicos son escasos. La idea de modernizar y personalizar la enseñanza parece cada vez más inalcanzable, pues requiere cambios estructurales profundos que el sistema no siempre está dispuesto a hacer.

A pesar de estas dificultades, la innovación en educación no debería ser vista como una utopía, sino como una meta a largo plazo. Con la implementación de estrategias más flexibles, como el uso de tecnología para personalizar la enseñanza o la inclusión de metodologías activas, se pueden dar pequeños pasos hacia una educación más efectiva. El verdadero desafío está en equilibrar el acceso masivo con la calidad, sin olvidar que el futuro de la educación depende de cómo logremos adaptarnos a las nuevas realidades sin dejar a nadie atrás. Y sobre todo el dejar de ser docentes rutinarios.

Adaptabilidad educativa

Charles Darwin planteó que la adaptabilidad es clave en la evolución de las especies, los individuos con rasgos ventajosos tienen más probabilidades de sobrevivir, referenciando esta premisa clave de Darwin y poniéndola en el campo educativo de la modernidad liquida de Bauman se evidencia que esta premisa se refleja en la necesidad de que los sistemas educativos y los individuos sean flexibles y capaces de ajustarse a un entorno en constante cambio, rompiendo un molde tradicionalista. Esta adaptabilidad en educación plantea varias aristas como relegar a la memoria y ser más comprensivo con el estudiante, en onde la memoria y la estabilidad son menos relevantes que la capacidad de aprender y reinventarse constantemente.}


Esta adaptabilidad en educación abre diversas aristas, como la relegación de la memorización en favor de enfoques más comprensivos hacia el estudiante. En este contexto, la estabilidad del conocimiento y la enseñanza basada en la repetición han perdido relevancia frente a la capacidad de aprender, desaprender y reinventarse constantemente. Como docente, reconozco la importancia de que los estudiantes desarrollen habilidades variadas, y sería beneficioso que todas las instituciones educativas fomentaran actividades extracurriculares en artes y deportes, además de potenciar competencias sociales como la cooperación y el diálogo en los llamados grupos cooperativos. También apoyo la flexibilización del currículo para estudiantes con NEE.


Sin embargo, surgen cuestionamientos importantes. En primer lugar, ¿realmente funcionan los grupos cooperativos? Desde mi práctica docente, diría que no generan habilidades mayormente cognoscitivas, sino manuales. Esto nos lleva a preguntarnos si estos grupos realmente están diseñados para fomentar el diálogo y la resolución de problemas o, por el contrario, están preparando a los estudiantes para asumir roles predeterminados en el futuro, encajando en el sistema como si fueran simples engranajes de una maquinaria mayor. Otro dilema surge con la flexibilidad que la educación líquida propone. ¿Está realmente promoviendo una pedagogía empática o simplemente está generando una generación de estudiantes de cristal en un mundo que no es de algodón?


Además, la educación líquida parece transgredir la memoria, casi satanizándola como un vestigio del pasado. Se priorizan habilidades prácticas sobre el conocimiento histórico o conceptual, bajo la premisa de la “enseñanza para la vida”. Sin embargo, memorizar hechos importantes y analizarlos es esencial para construir una educación verdadera, en la que el aprendizaje no solo prepare para la cotidianidad, sino también para comprender el mundo en su complejidad y evitar la enajenación del ser humano.


En conclusión La educación debe encontrar un equilibrio entre adaptación y permanencia. La modernidad líquida nos invita a ser flexibles, pero no podemos olvidar que la memoria y el conocimiento estructurado siguen siendo pilares fundamentales para una formación integral. La enseñanza para la vida no debería reducirse a lo trivial, sino abrir espacios para la reflexión crítica y la preservación del saber

TIC y posible SOS en el pensamiento crítico

Vivimos en una era donde la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, transformando todos los aspectos de nuestra sociedad. La Cuarta Revolución Industrial ha hecho realidad muchas innovaciones que antes pertenecían solo al ámbito de la ciencia ficción. La automatización, la inteligencia artificial y la digitalización han redefinido la manera en que trabajamos, nos comunicamos e incluso aprendemos.
En este contexto, las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) han adquirido un papel central, especialmente en el ámbito educativo. La educación ha pasado de ser un proceso tradicional basado en libros y aulas físicas a una experiencia dinámica y accesible desde cualquier lugar. Las aulas virtuales, las plataformas interactivas y la inteligencia artificial han facilitado el acceso al conocimiento, eliminando barreras y ampliando las oportunidades de aprendizaje. Hoy, basta con escribir una consulta en un buscador para obtener información de inmediato, incluso estos buscadores están siendo reemplazados por la inteligencia artificial.

Sin embargo, a pesar de los beneficios evidentes de estas herramientas, el uso de las TIC en educación no siempre se traduce en un aprendizaje significativo. Como docente, observo que muchos estudiantes ven en la tecnología una vía rápida para resolver tareas, sin desarrollar las habilidades de análisis y pensamiento crítico necesarias para comprender el conocimiento de manera profunda. La facilidad de acceso a la información ha generado, en algunos casos, una dependencia que reduce la capacidad de reflexión y resolución de problemas.

Es aquí donde los educadores tenemos un reto fundamental: debemos guiar a nuestros estudiantes en el uso de la tecnología como un recurso que potencie su aprendizaje, no como una solución inmediata a sus tareas. La clave está en equilibrar el acceso a la información con el desarrollo del pensamiento crítico, promoviendo estrategias educativas que fomenten la investigación, el análisis y la creatividad.

La tecnología no debe ser un SOS en la educación, sino una herramienta poderosa que impulse el desarrollo intelectual y la autonomía de los estudiantes. Solo así lograremos que la Cuarta Revolución Industrial no solo transforme el mundo, sino también la forma en que pensamos y aprendemos.

La creatividad del obscurantismo en el sistema de educación fiscal

En la actualidad, podríamos pensar que, gracias al avance de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), el proceso de enseñanza-aprendizaje se ha vuelto creativo en todas las aulas del mundo. Sin embargo, esta percepción no toma en cuenta las diferencias socioculturales y, sobre todo, económicas de cada país. No es lo mismo educar en un país del centro, como Bélgica, que en un país periférico, como Bangladesh.
Si nos situamos en nuestro propio contexto, el desarrollo de la creatividad en el proceso de enseñanza-aprendizaje también depende del tipo de institución educativa. Las unidades educativas pueden ser privadas, fiscomisionales o fiscales, y cada una refleja una realidad social y económica distinta, de manera similar a la comparación entre países del centro y la periferia. Siguiendo esta lógica, podríamos considerar que las escuelas privadas representan el centro, mientras que las fiscales y fiscomisionales se asemejan a la periferia. Como señala Elisondo R. (2018), “los contextos educativos pueden tener un rol clave en la promoción de la creatividad como práctica cultural compartida.”

Desde mi experiencia como veedora y docente en colegios particulares y fiscales, puedo afirmar que la infraestructura tecnológica de una institución no garantiza que se fomente la creatividad en los estudiantes. En muchos planteles particulares, a pesar de contar con tecnología, los docentes aún creen que proyectar imágenes, videos o juegos de rompecabezas equivale a desarrollar la creatividad. No obstante, es cierto que, al menos, disponen de recursos para mostrar un mapa o diseñar actividades más dinámicas.

En contraste, en los colegios fiscales, observo que la tecnología es prácticamente inexistente, y el desarrollo de la creatividad sigue un modelo tradicional. Por ello, afirmo que la creatividad en estos planteles parece haberse quedado en el obscurantismo. Esto se debe a que muchos docentes aún consideran que la creatividad se limita a trabajos coloridos y llamativos, realizados en grupos cooperativos, en los que la integralidad del aprendizaje queda relegada. Además, el contexto educativo es rígido y la innovación suele percibirse como un acto contra natura. Para agravar la situación, el modelo de educación bancaria prevalente en el sistema fiscal limita el desarrollo del pensamiento crítico y la autonomía creativa de los estudiantes.

Sin embargo, no todo es negativo en el desarrollo de la creatividad dentro del sistema fiscal. He observado que algunos docentes comprenden que la creatividad no consiste únicamente en trabajos llenos de brillantina, sino en el fortalecimiento de la triada cuerpo-mente-espíritu. A través de preguntas dialógicas que estimulan el pensamiento crítico, estos docentes logran que los estudiantes desarrollen una creatividad auténtica y significativa.

Finalmente, a pesar de las dificultades que enfrenta el sistema fiscal, ya sea por la rigidez del currículo o por el enfoque tradicional predominante, aún podemos aspirar a construir una escuela alternativa. En esta escuela, ni la creatividad de los estudiantes ni la de los docentes tendría límites. Para ello, me atrevo a retomar el consejo de Elisondo R. (2018): como docentes, debemos llegar con una buena idea que inspire el cambio y fomente el desarrollo integral del aprendizaje.

Referencias:
Elisondo, R. M. (2018). Creatividad y educación: llegar con una buena idea. Creatividad y Sociedad (27) 145-166 Recuperado de: http://creatividadysociedad.com/articulos/27/6.Creatividad y educacion_llegar con una buena idea.pdf