La lectura sobre la implicación de las TIC en la educación me ha invitado a reflexionar profundamente sobre mi propia práctica docente y el papel que la tecnología está jugando (o debería jugar) en el aula. Es evidente que vivimos en una era donde las TIC ya no son una opción, sino una parte inseparable de la vida diaria y de los procesos educativos. Sin embargo, como bien señala el texto, su integración no garantiza automáticamente aprendizajes significativos ni una transformación real en la educación.
En mi contexto, como docente de un bachillerato técnico, reconozco que el acceso a recursos tecnológicos es limitado, pero también noto que muchas veces su uso se reduce a tareas superficiales. La lectura me ha hecho cuestionar si estoy aprovechando las TIC solo como herramientas funcionales o si realmente estoy promoviendo el pensamiento crítico, la autonomía y la creatividad en mis estudiantes.
El mayor reto no es solo tecnológico, sino pedagógico y ético: ¿cómo utilizar las TIC para transformar la manera en que enseñamos y aprendemos, sin caer en una dependencia que nos aleje del pensamiento reflexivo? Siento que esta asignatura me ofrece una gran oportunidad para reimaginar el aula desde un enfoque más innovador y comprometido con las necesidades reales de los jóvenes.
“El equipamiento no basta; lo esencial es transformar las prácticas educativas para que la tecnología tenga sentido pedagógico” (Islas Torres, 2017).
