Pensar las TIC desde la práctica docente: reflexiones desde el bachillerato técnico.

La lectura sobre la implicación de las TIC en la educación me ha invitado a reflexionar profundamente sobre mi propia práctica docente y el papel que la tecnología está jugando (o debería jugar) en el aula. Es evidente que vivimos en una era donde las TIC ya no son una opción, sino una parte inseparable de la vida diaria y de los procesos educativos. Sin embargo, como bien señala el texto, su integración no garantiza automáticamente aprendizajes significativos ni una transformación real en la educación.

En mi contexto, como docente de un bachillerato técnico, reconozco que el acceso a recursos tecnológicos es limitado, pero también noto que muchas veces su uso se reduce a tareas superficiales. La lectura me ha hecho cuestionar si estoy aprovechando las TIC solo como herramientas funcionales o si realmente estoy promoviendo el pensamiento crítico, la autonomía y la creatividad en mis estudiantes.

El mayor reto no es solo tecnológico, sino pedagógico y ético: ¿cómo utilizar las TIC para transformar la manera en que enseñamos y aprendemos, sin caer en una dependencia que nos aleje del pensamiento reflexivo? Siento que esta asignatura me ofrece una gran oportunidad para reimaginar el aula desde un enfoque más innovador y comprometido con las necesidades reales de los jóvenes.

El equipamiento no basta; lo esencial es transformar las prácticas educativas para que la tecnología tenga sentido pedagógico” (Islas Torres, 2017).

“Innovar para transformar: una mirada crítica desde el aula”

Después de leer el artículo “Educar para innovar, innovar para educar”, no puedo evitar cuestionarme muchas de las prácticas que, como docente, he asumido por inercia. A lo largo de mi trayectoria, he trabajado con planificación, compromiso y entrega; sin embargo, reconozco que el sistema en el que me desenvuelvo muchas veces limita las posibilidades reales de innovar. La rigidez de los espacios, la presión de los contenidos y una evaluación centrada en lo memorístico siguen marcando el ritmo de nuestras aulas.

Este texto me ha llevado a comprender que la innovación educativa no es un lujo ni una moda, sino una necesidad urgente. El mundo cambia a pasos acelerados, y nuestros estudiantes necesitan herramientas para adaptarse, pensar críticamente y proponer soluciones nuevas. Por eso, innovar no debe ser solo un medio, sino también el fin educativo: formar personas capaces de actuar con creatividad, compromiso y cooperación.

Me impactó especialmente la idea de comenzar por repensar la evaluación. Muchas veces he sentido que la calificación pesa más que el aprendizaje, y que el examen individual se impone frente a la posibilidad de construir conocimiento en equipo. Tal vez no pueda cambiar el sistema entero, pero sí puedo empezar desde mi aula, repensando cómo valoro lo que mis estudiantes hacen, sienten y construyen.

Este artículo me ha recordado que la innovación empieza con una decisión personal: atreverse a romper con la rutina, a cuestionar lo establecido y a proponer nuevas formas de enseñar y aprender. No será fácil, pero como docente, siento la responsabilidad de intentarlo. Porque educar también es creer que otra escuela es posible, y tener la voluntad de construirla, paso a paso, con acciones concretas.

“La innovación educativa empieza por reconocer que lo real no agota lo posible. Y que si queremos otra educación, debemos empezar a practicarla” (Martín-Gordillo & Castro-Martínez, 2014).

Hoy más que nunca, educar creativamente es construir futuro.

En un mundo cambiante y desafiante como el que vivimos, la creatividad ya no puede ser un lujo ni una opción, sino una necesidad educativa urgente. La lectura del artículo de Elisondo me ha permitido revisar profundamente mis propias prácticas como docente. ¿Estoy llevando al aula con buenas ideas? ¿Estoy generando contextos que estimulen la curiosidad, la sorpresa y la emoción?

Este texto me ha recordado que enseñar no es solo transmitir contenidos, sino crear las condiciones para que emerjan pensamientos nuevos. Debemos romper con los moldes tradicionales, abrir el aula al mundo, permitir el error, valorar las preguntas tanto como las respuestas. La creatividad se educa, se cultiva, y como docentes tenemos el poder —y la responsabilidad— de activarla en cada clase. Además, combinarla con una buena motivación dentro de las aulas, hacer que el estudiante saque todos sus talentos y habilidades, dándole mucha confianza y oportunidad para desarrollarse.

“Innovar desde el aula: el primer paso hacia el cambio”

Empezar esta asignatura me genera muchas expectativas, porque siento que va a ser una oportunidad para pensar la educación de otra manera. Durante años he seguido una planificación tradicional, y aunque sé que me ha dado resultados, también reconozco que los tiempos han cambiado y que nuestros estudiantes necesitan algo más. Por eso, me interesa muchísimo descubrir nuevas formas de trabajar el currículo, hacerlo más dinámico, flexible y cercano a la realidad de los jóvenes con quienes comparto el aula cada día.

A la vez, no puedo negar que tengo ciertas preocupaciones. Una de ellas es el proyecto de innovación curricular que debemos desarrollar. Me pregunto si estaré a la altura, si podré aportar ideas verdaderamente significativas y si lograré cumplir con el nivel de profundidad que se espera. También me inquieta el trabajo en grupo, porque soy consciente de que una buena coordinación y compromiso colectivo son fundamentales para lograr un producto sólido y coherente. Quiero dar lo mejor de mí, no solo por la calificación, sino porque sé que este trabajo podría marcar un antes y un después en mi forma de enseñar.

Considero que esta materia será clave para mi crecimiento profesional. En mi rol como docente del bachillerato técnico, siento la necesidad de innovar, no por moda, sino porque realmente quiero que mis estudiantes encuentren sentido en lo que aprenden. La innovación curricular me desafía a salir de mi zona de confort, a cuestionar lo que he hecho hasta ahora y a atreverme a proponer cambios que impacten positivamente en el aprendizaje.

“Todo lo que vale la pena lleva su tiempo, su esfuerzo y un poco de incertidumbre. Pero al final, la transformación siempre comienza con una buena idea y el valor de intentarlo.”