Enseñanza y Literatura, ¿líquidas?

Como docente de Literatura, la reflexión de Bauman sobre la modernidad líquida resuena profundamente en mi práctica diaria. Él señala que la educación enfrenta el reto de un mundo donde el conocimiento ya no es un patrimonio duradero, sino un flujo constante que “se desalienta la idea de que la educación puede ser un ‘producto’ que uno gana y conserva” (p.31). Esta realidad me obliga a repensar mi rol; ya no soy simplemente transmisor de saberes, sino un facilitador que acompaña a los estudiantes en un proceso permanente de actualización y cuestionamiento.

Bauman también advierte que “la juventud contemporánea tiende a rechazar compromisos sin cláusulas de ‘hasta nuevo aviso’” (p.27) lo que me confronta con la necesidad de flexibilizar mis estrategias y fomentar una literatura que dialogue con la experiencia cambiante de los jóvenes. La educación, en palabras del autor, está en “una especie de didáctica del libro” que debe “convocar a realizar recorridos propios” [T8, p.10]. Así, procuro que mis clases sean espacios vivos para la interpretación y el descubrimiento personal, conscientes de que la identidad literaria de mis estudiantes es escurridiza y mutable.

En suma, la enseñanza literaria en la modernidad líquida exige un compromiso auténtico con la incertidumbre y una pedagogía que valore el saber vivir junto con el saber ser, más allá del conocimiento estricto (p.41).

Referencias

Bauman, Zygmunt. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Gedisa.

De la creatividad en la enseñanza de la Literatura

Como docente de Literatura, reconozco que cultivar la creatividad en nuestros estudiantes va más allá de la simple lectura y análisis de textos. Tal como señalan los autores del estudio, la creatividad es un fenómeno complejo que trasciende las disciplinas y requiere diálogos colaborativos donde interactúan docentes, estudiantes y tecnologías (Elisondo, 2018, p. 17). En mi práctica, procuro integrar perspectivas indisciplinadas, mezclando conceptos de historia, filosofía y arte para que los estudiantes formulen preguntas que desafíen los límites tradicionales de la literatura. Esto coincide con la idea de trabajar contenidos desde enfoques que trascienden las asignaturas para generar nuevas formas de resolver problemas (p. 17). Además, el uso crítico de herramientas tecnológicas me ha permitido facilitar la lectura reflexiva de los contenidos culturales que nuestros alumnos consumen diariamente. Me identifico con la propuesta de que los docentes deben ofrecer “ayudas y orientaciones necesarias para la lectura crítica de los contenidos que circulan en diferentes entornos” (p. 17). En definitiva, fomentar un entorno creativo requiere que el docente sea un mediador activo que promueva el pensamiento divergente, la exploración y la construcción colectiva de conocimiento, retos fundamentales para la enseñanza literaria del siglo XXI.

Referencias

Elisondo Romina. “Creatividad y educación: llegar con una buena idea”, Creatividad y Sociedad, nº27, febrero 2018, pp. 13, 17.

Ya sabemos de innovación, ¿y qué hay enseñanza de la Literatura?

Como docente de Literatura, reconozco en este trabajo la urgencia de innovar en mi práctica para formar estudiantes capaces de enfrentar los desafíos actuales con creatividad y pensamiento crítico. La idea de que “la innovación no es solo un medio educativo, sino quizá el fin principal de la educación” resuena profundamente conmigo, pues enseñar literatura va más allá de transmitir conocimientos: se trata de fomentar en los alumnos la capacidad de interpretar, cuestionar y reconstruir textos en diálogo con su realidad (Martín-Gordillo y Castro-Martínez 2018, 5). En mi aula, intento “deconstruir y reconstruir” el currículo para acercar los textos literarios a contextos actuales y estimular la autonomía y el trabajo en equipo, promoviendo una participación activa y colaborativa en el proceso de aprendizaje (Martín-Gordillo y Castro-Martínez 2018, 17). También considero fundamental innovar en la evaluación, priorizando no solo resultados sino procesos, y así valorar la capacidad de mis estudiantes para asumir riesgos y negociar significados, competencias claves para la innovación (Martín-Gordillo y Castro-Martínez 2018, 18). Esta reflexión me motiva a cultivar un ambiente donde la creatividad sea un componente central, reforzando el optimismo y la voluntad que permitan transformar verdaderamente la enseñanza de la Literatura.

Referencias

Martín-Gordillo y Castro-Martínez. 2018. “Educar para Innovar: Desafíos y Estrategias para la Innovación Educativa.” Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación, 3-21.

De la Literatura y las TIC’s

En la actualidad, la enseñanza de la literatura puede tomarse como una empresa intrascendente o incluso una broma anacrónica. En mi experiencia diaria como docente, he observado cómo las Tecnologías de la Información y Comunicación han transformado profundamente la enseñanza de la literatura, aunque no sin desafíos. El artículo plantea que las TIC están presentes en casi todos los ámbitos del desarrollo humano y han alterado la construcción y difusión del conocimiento, lo que en mi práctica se traduce en el uso constante de plataformas digitales, bibliotecas virtuales y recursos multimedia que enriquecen la experiencia literaria. Sin embargo, también coincide con mi experiencia que la mera incorporación del equipamiento tecnológico no asegura cambios sustantivos en el aprendizaje, pues he notado que es fundamental diseñar actividades que promuevan competencias digitales críticas, fomentando no solo el acceso a la información sino la interpretación y la reflexión profunda sobre los textos, tal como señala Islas Torres (2017) que “el equipamiento tecnológico no asegura, ni es suficiente para, avanzar en los cambios más sustantivos”.

Además, reconozco en mis estudiantes la necesidad de desarrollar habilidades para gestionar la abundancia de datos disponibles, desde un pensamiento estadístico hasta la capacidad de desconectarse, tal y como indica el texto, que la evolución tecnológica demanda “capacidades de filtrado de datos, pensamiento estadístico, análisis y visualización de la información, pensamiento flexible e incluso un entrenamiento para tener la capacidad de desconectarse” (Islas Torres 2017). También he constatado la brecha entre la rapidez con que evolucionan las tecnologías y la lentitud de la educación para integrarlas de manera significativa, lo que coincide con la afirmación de que “la educación aún está retrasada y múltiples factores frenan su avance” (Islas Torres 2017), y por ello considero indispensable la formación continua para los docentes y la reflexión crítica sobre el uso pedagógico de la tecnología. 

Finalmente, valoro cómo las TIC democratizan el acceso al conocimiento literario mediante recursos abiertos y cursos en línea, permitiendo que los estudiantes exploren la literatura desde una postura crítica y creativa, alineado con la idea de que las tecnologías ofrecen “rutas y acciones por experimentar” en la educación. En síntesis, la tecnología es una aliada poderosa para la enseñanza de la literatura cuando su uso se fundamenta en un diseño pedagógico consciente que promueve competencias cognitivas complejas y responde a los retos del entorno digital actual.

Referencias

Islas Torres, Claudia. 2017. “La implicación de las tecnologías de la información y comunicación en la educación: alcances, limitaciones y perspectivas.” Revista Iberoamericana de Educación a Distancia 8, no. 15 (julio-diciembre): 1-16. https://doi.org/10.23913/ride.v8i15.324