La educación desde su concepción se la asocia al conocimiento y a la labor docente como el puente entre el conocimiento y los educandos. No obstante, se debe mencionar que, en un mundo que cambia aceleradamente; la función del docente y la concepción de la educación han ido cambiando, de manera que se han adaptado a la velocidad con la que la sociedad globalizada también lo ha hecho. El Ecuador, al igual que la gran mayoría de países del mundo está en el modelo económico del capitalismo y este modelo prioriza la producción, que no siempre es de productos o servicios, a veces también es de algo que va más allá de lo estrictamente material. Las personas que quiere el capitalismo deben cumplir con ciertas características para ser útiles en las diferentes dimensiones que haya la posibilidad.
En ese sentido, Bauman, en su texto Los restos de la educación en la modernidad líquida expone una serie de conceptos asociados a la realidad para hacer entender que las practicas educativas ya no son fijas ni duraderas, sino todo lo contrario; inestables, efímeras y “puntillistas”. En este marco se describe a la educación moderna, como un atomizada, donde todo debe ocurrir de inmediato, y claro, ya no queda tiempo ni espacio para ser creativos. Todo debe seguir un molde priorizando la inmediatez, tal cual, en la industrialización de los productos, mismos que han trasladado sus características a la gente que es representada por los estudiantes. Entonces, la motivación para innovar, para crear pasa a un segundo plano. En ese entorno tan volátil es que se puede llegar a presentar la impaciencia por “ser alguien” que gane dinero al lograr -lo antes posible- obtener un título, mismo que es mucho más valorado que el proceso de adquirir conocimientos o adquirirlos como tal.
Una vez que se analiza estos conceptos con las realidades que se evidencian en los colegios, se puede comprobar que no solamente el mercado marca esas normas o formas de educar en la actualidad, es más bien producto de la conjetura de diferentes elementos y circunstancias que rodean la el proceso de enseñanza. Al parecer, esta volatilidad ha afectado a los hábitos y la conducta del ser humano. En la practica de la docencia es frecuente encontrar a estudiantes sin motivación para aprender producto de un cansancio por la supuesta acumulación de tareas. Por lo antes dicho, es ese una de las excusas para justificar -en muchos de los casos- el bajo desempeño académico en sus calificaciones. Sin embargo, se debe resaltar que las tereas en la mayoría de materias se las adecúa a los tiempos de los estudiantes; lo que haría suponer que no es esa la causa del problema. Por otro lado, y quizá aún más preocupante; se encuentra a la falta de motivación o al cansancio docente, ya que de manera constante esperan que se cabe el año y de alguna forma justifican el bajón en la motivación de los jóvenes. Quizá haya docentes que únicamente estén en sus funciones esperando el fin de mes y eso no está mal, pero, que producto de esa inmediatez en querer que se acaben los periodos sí es preocupante porque afecta al normal desenvolvimiento académico del proceso educativo.
Pese a este panorama inestable y muchas veces desalentador, la esperanza educativa no ha desaparecido. Por el contrario, se transforma. En medio de la presión del mercado y la urgencia por producir resultados inmediatos, aún persisten docentes que entienden la educación como un acto profundamente humano y ético. Son ellos quienes, a pesar del cansancio o las limitaciones, siguen apostando por una enseñanza con sentido, que mira al estudiante no como producto, sino como persona.
En nuestras aulas, en cada diálogo genuino, en cada momento en que un estudiante se siente visto, escuchado y motivado a pensar por sí mismo, se abre una grieta en la lógica líquida del sistema. Y es allí donde la verdadera educación sigue teniendo lugar. Como docentes, no todo está perdido si nos reconocemos como agentes de cambio capaces de acompañar procesos, no solo de transmitir contenidos. Apostar por una educación más consciente, más crítica y más humana —aunque sea desde pequeños gestos cotidianos— sigue siendo nuestra mejor forma de resistencia.

Coincido con tu perspectiva y el contraste que realizas de la visión de la educación desde el capitalismo, que bien sabemos, se mira todo como un producto, ahora bien, como docentes somos los llamados a mejorar y encaminar a nuestros estudiantes aún cuando las barreras ya han sido impuestas y cada vez es menos probable consolidar un verdadero aprendizaje significativo. Por mucho que parezca que la inmediatez nos ha consumido, los retos se presentan en tal magnitud, y no solamente con el proceso de enseñanza aprendizaje, sino también con el hecho de que se debe moldear costumbres y conductas que gracias a este acelerado cambio se ha impregnado en la mente del estudiante.
Como se ha mencionado y coincidido con algunos puntos de vista, el rol que debemos cumplir como docentes se debe elevar al nivel, encontrar los recursos y usar lo que se tiene a disposición a fin de responder a lo que los estudiantes requieren para aprender, es decir, el docente debe innovar y rescatar la educación, mediante la práctica y no dejar que las metodologías y procesos queden relegados por los cambios inmediatos a los que estamos expuestos.
El concepto de “modernidad líquida” que plantea Bauman nos invita a reflexionar sobre los desafíos de la educación en un mundo donde la inmediatez parece regir todas las dinámicas sociales. La enseñanza, históricamente concebida como un proceso gradual que requiere tiempo y esfuerzo, ahora se enfrenta a la presión de producir resultados rápidos y visibles. Esto no solo afecta la percepción de los estudiantes, quienes han sido moldeados por una lógica de consumo instantáneo, sino también a los docentes, que deben adaptarse continuamente a un entorno cambiante y desafiante. La clave, entonces, radica en resistir la tentación de la inmediatez y devolverle a la educación su verdadera esencia: un proceso reflexivo, construido con paciencia, diálogo y profundidad. Sólo así podremos formar ciudadanos críticos y creativos en lugar de meros receptores de información