¿Está la educación tradicional obsoleta ante la velocidad del cambio en la modernidad líquida?

En la era de la modernidad líquida, como la denomina Bauman, la educación enfrenta un desafío inédito: preparar a individuos para un mundo que cambia constantemente, donde los conocimientos envejecen casi al instante y las certezas desaparecen. La estructura tradicional de la educación, basada en la acumulación de saberes duraderos y en una secuencia lineal de aprendizaje, parece desentonar con las exigencias de un mercado laboral y social cada vez más volátil.

Bauman advierte sobre este desfase al señalar que “el conocimiento tenía valor puesto que se esperaba que durara, así como la educación tenía valor en la medida en que ofreciera conocimiento de valor duradero” (Bauman 2007, 26). Sin embargo, esta lógica ya no se sostiene en un mundo donde lo efímero es norma y la actualización constante es una necesidad vital.

Les propongo responder estas dos preguntas de acuerdo a su experiencia estudiantil y docente, con el fin de lograr un intercambio de ideas de esta temática que me ha parecido bastante interesante.

¿Debe reinventarse la educación abandonando el ideal de permanencia del conocimiento? ¿O puede mantenerse fiel a su misión formadora en medio del vértigo de lo líquido?

Quiero compartir con ustedes este video que me sirvió mucho para comprender lo que nos menciona Bauman en referencia a la educación en la modernidad líquida.

Referencia

Bauman, Zygmunt. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Barcelona: Gedisa, 2007.

5 Replies to “¿Está la educación tradicional obsoleta ante la velocidad del cambio en la modernidad líquida?”

  1. Hola Kevin,
    Me pareció muy interesante tu planteamiento, sobre todo porque logras conectar de forma clara las ideas de Bauman con el desafío actual de la educación. Estoy de acuerdo contigo en que la estructura tradicional educativa parece estar en tensión con la velocidad de cambio que caracteriza a la modernidad líquida. Sin embargo, creo que más que desechar completamente ese modelo, necesitamos repensarlo críticamente.

    Desde mi experiencia docente, he visto que no todo lo “tradicional” es obsoleto. Algunas estructuras y valores que provienen de la educación clásica, como la rigurosidad, la ética del esfuerzo o la búsqueda de sentido, siguen siendo fundamentales. Lo que sí me parece urgente es movernos hacia una educación más flexible, donde se forme al estudiante no solo para “saber”, sino para “aprender a aprender”, para adaptarse y actuar con criterio en contextos cambiantes.

    Coincido con autores como Morin, quien propone que más que una acumulación de saberes, la educación debe centrarse en enseñar a enfrentar la incertidumbre y la complejidad del mundo. En ese sentido, el reto está en equilibrar la formación profunda y crítica con la capacidad de actualizarse constantemente.

    Creo que no se trata de abandonar la misión formadora de la educación, sino de enriquecerla con nuevas prácticas, herramientas y enfoques que estén en sintonía con las transformaciones sociales. Gracias por abrir este espacio de reflexión, sin duda es un tema que nos interpela como educadores en formación e innovación.

  2. Respondiendo a tu pregunta “¿Debe reinventarse la educación abandonando el ideal de permanencia del conocimiento?”
    Creo que la educación debe reinventarse, pero no abandonando el ideal de permanencia del conocimiento, sino adaptándolo. En la modernidad líquida, donde todo cambia rápidamente, el conocimiento no puede ser estático, pero sí debe conservar su profundidad y rigor. En lugar de enfocarse solo en la transmisión de información inmediata, la educación debe centrarse en desarrollar pensamiento crítico y habilidades de aprendizaje continuo, preparando a los estudiantes para un mundo en constante transformación.

  3. Estimado Kevin, gracias por tu enriquecedora reflexión, son ideas que nos ayudan a incrementar más sobre el propósito del libro, tu aporte personal invita a una reflexión urgente y necesaria sobre el lugar que ocupa la educación en un mundo caracterizado por el cambio constante y la incertidumbre. Coincido en que la estructura tradicional, basada en la transmisión de conocimientos “permanentes” se encuentra en tensión con las exigencias actuales de la sociedad líquida que describe el autor Bauman.

    Personalmente considero que la educación no debe abandonar su misión formadora, pero sí necesita transformarse profundamente. El conocimiento sigue siendo valioso, pero lo que debe cambiar es la forma en que lo construimos y enseñamos. Ya no basta con acumular información; hoy más que nunca necesitamos formar personas capaces de adaptarse, desaprender, cuestionar y reinventarse constantemente.
    Gracias Kevin por tu aporte, añadiendo el video que compartiste para entender de mejor forma lo que propone Bauman.

  4. Como estudiante de la Maestría en Innovación Educativa y docente en ejercicio, esta pregunta me toca profundamente, porque me veo todos los días en el dilema que plantea Bauman: ¿Cómo enseñar en un mundo que ya no espera que el conocimiento dure?
    La educación tradicional, con su estructura rígida, sus contenidos estandarizados y su énfasis en la memorización, definitivamente muestra señales de agotamiento frente a la lógica de la modernidad líquida. Sin embargo, no creo que la solución sea simplemente abandonar el ideal de permanencia, sino redefinir qué tipo de conocimientos deberían permanecer.
    Más que desechar la tradición, creo que debemos reinventarla. Hay saberes fundamentales como el pensamiento crítico, la ética, la resolución de problemas y el aprendizaje autónomo que no pierden vigencia, sino que se vuelven aún más esenciales en tiempos de incertidumbre. La clave está en enseñar cómo aprender, más que solo qué aprender.
    Sí, la educación debe cambiar. Debe ser más flexible, más adaptativa, más conectada con la vida real y menos centrada en la acumulación de contenidos que pronto quedarán obsoletos. Pero también debe resistirse a convertirse en una respuesta improvisada al vértigo de lo efímero. En medio del caos, la educación también puede ser un ancla ética y formativa.
    En fin, no se trata de elegir entre permanencia o adaptación, sino de encontrar un equilibrio: formar personas capaces de moverse en la fluidez, pero con raíces profundas en valores, pensamiento reflexivo y sentido crítico. La verdadera transformación educativa no consiste en dejar todo atrás, sino en llevar lo esencial con nosotros hacia el cambio.

  5. Me permito dar mi opinión el mayor reto de la educación actual no es transmitir conocimientos duraderos, sino formar personas flexibles, críticas y capaces de aprender continuamente. Esto implica un giro hacia competencias como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la alfabetización digital y la capacidad de adaptación. El aula ya no puede ser un espacio donde solo se repitan verdades consagradas; debe ser un laboratorio de ideas, creatividad e innovación.
    Además, la volatilidad del mercado laboral exige que los sistemas educativos desarrollen habilidades transferibles y fomenten el aprendizaje a lo largo de toda la vida. En este sentido, la educación debe ser vista como un proceso dinámico y permanente, no como una etapa que termina con la obtención de un título.
    Por lo tanto, es imprescindible repensar no solo los contenidos, sino también las metodologías, los roles docentes y el propósito mismo de la educación. En lugar de preparar a los estudiantes para un mundo estático, debemos prepararlos para navegar la incertidumbre con autonomía, ética y responsabilidad.

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