“Innovar para transformar: una mirada crítica desde el aula”

Después de leer el artículo “Educar para innovar, innovar para educar”, no puedo evitar cuestionarme muchas de las prácticas que, como docente, he asumido por inercia. A lo largo de mi trayectoria, he trabajado con planificación, compromiso y entrega; sin embargo, reconozco que el sistema en el que me desenvuelvo muchas veces limita las posibilidades reales de innovar. La rigidez de los espacios, la presión de los contenidos y una evaluación centrada en lo memorístico siguen marcando el ritmo de nuestras aulas.

Este texto me ha llevado a comprender que la innovación educativa no es un lujo ni una moda, sino una necesidad urgente. El mundo cambia a pasos acelerados, y nuestros estudiantes necesitan herramientas para adaptarse, pensar críticamente y proponer soluciones nuevas. Por eso, innovar no debe ser solo un medio, sino también el fin educativo: formar personas capaces de actuar con creatividad, compromiso y cooperación.

Me impactó especialmente la idea de comenzar por repensar la evaluación. Muchas veces he sentido que la calificación pesa más que el aprendizaje, y que el examen individual se impone frente a la posibilidad de construir conocimiento en equipo. Tal vez no pueda cambiar el sistema entero, pero sí puedo empezar desde mi aula, repensando cómo valoro lo que mis estudiantes hacen, sienten y construyen.

Este artículo me ha recordado que la innovación empieza con una decisión personal: atreverse a romper con la rutina, a cuestionar lo establecido y a proponer nuevas formas de enseñar y aprender. No será fácil, pero como docente, siento la responsabilidad de intentarlo. Porque educar también es creer que otra escuela es posible, y tener la voluntad de construirla, paso a paso, con acciones concretas.

“La innovación educativa empieza por reconocer que lo real no agota lo posible. Y que si queremos otra educación, debemos empezar a practicarla” (Martín-Gordillo & Castro-Martínez, 2014).

2 Replies to ““Innovar para transformar: una mirada crítica desde el aula””

  1. Es necesario entender un panorama amplio sobre la práctica educativa y los procesos que se gestionan a nivel mundial como una buena práctica que se pueda integrar de vez en cuando. En el contexto de la evaluación de la educación en el contexto nacional, ¿Cómo ser un educador innovador sin observar el contexto del campo o de otras ciudades que no tienen las mismas problemáticas?
    Sin embargo es importante reconocer los problemas y los obstáculos que se generan cada vez en las prácticas educativas como parte del trabajo, ¿Qué debo cambiar y a dónde debemos llegar, que es lo que los estudiantes deben poder hacer y con que conocimientos deben hacerlo? Las formas de aprender son diversas y cada una de estas formas necesita de una motivación diferente y de unos paradigmas diferentes, cada persona tiene sus gustos y sus comodidades al momento de aprender, algunas personas les gusta tener altas calificaciones, otras son disruptivas, lo importante es socializar que los logros, las recompensas y los premios los ganan quienes forjan un pensamiento crítico educado.

  2. Te felicito mi querida María Antonieta tu reflexión es profunda y muy acertada. Coincido plenamente en que la innovación educativa no puede seguir siendo vista como algo opcional o pasajero, especialmente en un mundo donde el cambio es constante. Lo que señalas sobre la evaluación es clave: si no transformamos la forma en que valoramos el aprendizaje, difícilmente lograremos cambios reales en la enseñanza.
    Tu reconocimiento de que el examen individual a menudo se impone sobre el trabajo colaborativo pone el dedo en la llaga. Cambiar esto implica una gran responsabilidad, pero como bien dices, el cambio puede comenzar desde el aula. Al repensar la evaluación, se abre la puerta para valorar no solo los conocimientos, sino también las habilidades, las emociones y los procesos de aprendizaje.
    Te aplaudo por esa postura crítica y comprometida. No se necesita cambiar el sistema de un solo golpe, pero sí dar pasos valientes desde lo cotidiano, desde el aula, desde la práctica. Esa es, sin duda, una de las formas más auténticas de innovar.

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