Enseñanza y Literatura, ¿líquidas?

Como docente de Literatura, la reflexión de Bauman sobre la modernidad líquida resuena profundamente en mi práctica diaria. Él señala que la educación enfrenta el reto de un mundo donde el conocimiento ya no es un patrimonio duradero, sino un flujo constante que “se desalienta la idea de que la educación puede ser un ‘producto’ que uno gana y conserva” (p.31). Esta realidad me obliga a repensar mi rol; ya no soy simplemente transmisor de saberes, sino un facilitador que acompaña a los estudiantes en un proceso permanente de actualización y cuestionamiento.

Bauman también advierte que “la juventud contemporánea tiende a rechazar compromisos sin cláusulas de ‘hasta nuevo aviso’” (p.27) lo que me confronta con la necesidad de flexibilizar mis estrategias y fomentar una literatura que dialogue con la experiencia cambiante de los jóvenes. La educación, en palabras del autor, está en “una especie de didáctica del libro” que debe “convocar a realizar recorridos propios” [T8, p.10]. Así, procuro que mis clases sean espacios vivos para la interpretación y el descubrimiento personal, conscientes de que la identidad literaria de mis estudiantes es escurridiza y mutable.

En suma, la enseñanza literaria en la modernidad líquida exige un compromiso auténtico con la incertidumbre y una pedagogía que valore el saber vivir junto con el saber ser, más allá del conocimiento estricto (p.41).

Referencias

Bauman, Zygmunt. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Gedisa.

2 Replies to “Enseñanza y Literatura, ¿líquidas?”

  1. Tu reflexión sobre la enseñanza de la literatura en la modernidad líquida es sumamente relevante, pues pone de manifiesto la necesidad de adaptar la educación a un contexto en constante cambio. Al asumir el rol de facilitador en lugar de transmisor de conocimientos fijos, creas un espacio donde los estudiantes pueden explorar y construir su propia comprensión del mundo a través de la literatura. La resistencia de la juventud a los compromisos permanentes refuerza la importancia de flexibilizar las estrategias pedagógicas y de generar un aprendizaje dinámico, que dialogue con sus inquietudes y experiencias. La literatura, lejos de ser un simple contenido estático, puede convertirse en una herramienta poderosa para ayudar a los estudiantes a navegar la incertidumbre y encontrar significado en su aprendizaje. Tu enfoque demuestra que la enseñanza no solo debe formar intelectualmente, sino también acompañar en el desarrollo personal y en la construcción de identidades en este entorno líquido y cambiante.

  2. Pablo, tu reflexión articula de manera profunda y sensible los desafíos que enfrenta la enseñanza de la literatura en tiempos de modernidad líquida. Coincido contigo en que el rol del docente ya no puede ser el de un simple transmisor de contenidos, sino el de un mediador que facilita experiencias de lectura significativas y abiertas al cambio. La idea de convocar recorridos propios me parece especialmente poderosa, ya que invita a los estudiantes a construir su vínculo con la literatura desde su realidad y emocionalidad, en lugar de aferrarse a lecturas rígidas o cerradas.

    Además, tu compromiso con una pedagogía que abrace la incertidumbre es valiente y necesario. En un mundo donde todo parece transitorio, ofrecer espacios donde la literatura pueda ser explorada como herramienta de autoconocimiento y transformación es un acto profundamente humano. Gracias por recordarnos que enseñar literatura también es acompañar en la búsqueda de sentido en medio de lo inestable.

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