Los retos de la educación en la modernidad líquida

Sabemos bien que vivimos en un mundo de constantes cambios; sin embargo, el sociólogo Zygmunt Bauman, desde el año 2007 en su libro Los retos de la educación en la modernidad líquida, nos ofrece una valiosa apreciación de cómo la educación, y en general la sociedad, están experimentando transformaciones aceleradas en sus diversos ritmos. Uno de estos ritmos es el de la educación, donde se busca la inmediatez tanto en los procesos como en los productos. Se comercializa el conocimiento, restando importancia a la persona como ente generador de saberes, y tratándola más bien como una herramienta que produce rápidamente y sin margen de error. No se valora la cultura educativa ni el aprendizaje significativo; en cambio, se busca impartir datos que llenen a los estudiantes sin filtrar ni contextualizar dicho conocimiento.

Estas críticas, en el ámbito educativo, se traducen en retos que deben ser superados de forma efectiva y conciliadora con el estudiante. Es necesario atender el tiempo destinado al aprendizaje fuera del aula, así como al que ocurre dentro de ella. Se deben desarrollar habilidades como la reflexión, la construcción de conocimientos, la capacidad para afrontar errores y la socialización con otros. En cierto modo, el aprendizaje moldea el futuro, y esa es su “meta”. Pero al hablar de meta, esta se transforma en una competencia, donde prima la utilidad del conocimiento y su alcance, preparando a los estudiantes para enfrentar una “carrera” contrarreloj que exige ser útil o utilitario para la sociedad.

Es por todo lo expuesto que debemos centrarnos en ofrecer a los estudiantes una educación de calidad, basada en conocimientos sólidos, herramientas pertinentes y estrategias significativas que les permitan afrontar su vida diaria y no quedarse con lo visto en un aula, que salgan aprendan y exploren otras posibilidades. No se trata solo de adquirir conocimientos para aprobar asignaturas, sino de formar personas críticas, creativas y comprometidas con su entorno.

Solo una educación que cultive la profundidad del pensamiento, el valor de la experiencia y la empatía con los otros podrá realmente preparar a las futuras generaciones para un mundo cambiante, incierto, pero lleno de posibilidades que día a día se transforma y aprende de diferente forma.

2 Replies to “Los retos de la educación en la modernidad líquida”

  1. Coincido plenamente en que uno de los mayores desafíos que plantea Bauman es la urgencia de romper con una educación mecanizada y centrada en la inmediatez. Me parece muy acertado cuando mencionas la necesidad de formar personas críticas y no solo transmisores de datos. Desde mi experiencia en la modalidad semipresencial con jóvenes y adultos, veo como una educación descontextualizada pierde sentido para ellos. Por eso, innovar no significa solo usar nuevas tecnologías, sino promover espacios donde el pensamiento profundo, la empatía y la capacidad de cuestionar sean prioritarios. Tu reflexión es un llamado necesario a reconectar la educación con la vida real.

  2. Ronald ha mencionado algo indispensable: la profundidad del pensamiento, aquel que indaga dentro lo humano, que piensa desde la empatía, desde lo que el estudiante es o bien podría llegar a ser, con sus virtudes y defectos, pero aprendiendo y avanzando; aspiro que en algún momento podamos contradecir a Bauman, y decirle que no todo es fragilidad, de que también se pueden sostener los vínculos, de que también podemos sentarnos a escuchar a los estudiantes, brindarles tiempo, quizá consejo o escucha. No los vemos como maquina para depositar y/o procesar conocimientos, sino como seres en constante crecimiento y transformación, nada me quita la idea de recuperar esta humanidad que es necesaria en tiempos de ajetreo.

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