Charles Darwin planteó que la adaptabilidad es clave en la evolución de las especies, los individuos con rasgos ventajosos tienen más probabilidades de sobrevivir, referenciando esta premisa clave de Darwin y poniéndola en el campo educativo de la modernidad liquida de Bauman se evidencia que esta premisa se refleja en la necesidad de que los sistemas educativos y los individuos sean flexibles y capaces de ajustarse a un entorno en constante cambio, rompiendo un molde tradicionalista. Esta adaptabilidad en educación plantea varias aristas como relegar a la memoria y ser más comprensivo con el estudiante, en onde la memoria y la estabilidad son menos relevantes que la capacidad de aprender y reinventarse constantemente.}
Esta adaptabilidad en educación abre diversas aristas, como la relegación de la memorización en favor de enfoques más comprensivos hacia el estudiante. En este contexto, la estabilidad del conocimiento y la enseñanza basada en la repetición han perdido relevancia frente a la capacidad de aprender, desaprender y reinventarse constantemente. Como docente, reconozco la importancia de que los estudiantes desarrollen habilidades variadas, y sería beneficioso que todas las instituciones educativas fomentaran actividades extracurriculares en artes y deportes, además de potenciar competencias sociales como la cooperación y el diálogo en los llamados grupos cooperativos. También apoyo la flexibilización del currículo para estudiantes con NEE.
Sin embargo, surgen cuestionamientos importantes. En primer lugar, ¿realmente funcionan los grupos cooperativos? Desde mi práctica docente, diría que no generan habilidades mayormente cognoscitivas, sino manuales. Esto nos lleva a preguntarnos si estos grupos realmente están diseñados para fomentar el diálogo y la resolución de problemas o, por el contrario, están preparando a los estudiantes para asumir roles predeterminados en el futuro, encajando en el sistema como si fueran simples engranajes de una maquinaria mayor. Otro dilema surge con la flexibilidad que la educación líquida propone. ¿Está realmente promoviendo una pedagogía empática o simplemente está generando una generación de estudiantes de cristal en un mundo que no es de algodón?
Además, la educación líquida parece transgredir la memoria, casi satanizándola como un vestigio del pasado. Se priorizan habilidades prácticas sobre el conocimiento histórico o conceptual, bajo la premisa de la “enseñanza para la vida”. Sin embargo, memorizar hechos importantes y analizarlos es esencial para construir una educación verdadera, en la que el aprendizaje no solo prepare para la cotidianidad, sino también para comprender el mundo en su complejidad y evitar la enajenación del ser humano.
En conclusión La educación debe encontrar un equilibrio entre adaptación y permanencia. La modernidad líquida nos invita a ser flexibles, pero no podemos olvidar que la memoria y el conocimiento estructurado siguen siendo pilares fundamentales para una formación integral. La enseñanza para la vida no debería reducirse a lo trivial, sino abrir espacios para la reflexión crítica y la preservación del saber

La educación actual necesita adaptarse sin renunciar a sus fundamentos. En la enseñanza de la Literatura, esto se vuelve especialmente urgente. Comprender un texto requiere tiempo, memoria y contexto, pero también flexibilidad para interpretarlo desde distintas realidades. Si priorizamos solo lo inmediato y lo práctico, corremos el riesgo de vaciar la lectura de su dimensión crítica. Adaptarse no significa desechar el pasado, sino dialogar con él. La memoria literaria forma sujetos reflexivos, capaces de pensar el presente. El equilibrio entre innovación y profundidad es el verdadero reto de una educación que aspire a ser transformadora.
Completamente de acuerdo, tu análisis presenta con claridad una de las tensiones más complejas de la educación actual: cómo equilibrar la adaptabilidad con la profundidad del conocimiento. Coincido en que, si bien es fundamental fomentar habilidades como la flexibilidad, la creatividad y la cooperación, no debemos caer en el extremo de desvalorizar la memoria o el saber estructurado. La comprensión del mundo requiere tanto de la capacidad de adaptarse como de una base sólida de conocimientos que permitan pensar críticamente y tomar decisiones fundamentadas.
Respecto a los grupos cooperativos, es cierto que su efectividad depende en gran parte de cómo se implementan. Si se orientan únicamente a tareas mecánicas, pierden su potencial formativo. No obstante, cuando se diseñan con objetivos claros, roles rotativos y espacios para el diálogo y la argumentación, pueden ser herramientas poderosas para desarrollar habilidades cognitivas, sociales y emocionales. El desafío está en no reproducir esquemas funcionalistas, sino en formar estudiantes capaces de construir, cuestionar y transformar su realidad.
Estimada Verónica muy acertado su comentario ya que la educación del siglo XXI requiere romper con estos modelos rígidos y apostar por la flexibilidad y la adaptación constante, en lugar de centrarse en la memorización, las escuelas deben priorizar el desarrollo de habilidades para aprender, desaprender y reinventarse. Esta adaptabilidad exige una mirada más comprensiva hacia el estudiante, entendiendo que el aprendizaje no es lineal ni uniforme, y que debe responder a diversas realidades, ritmos y talentos. En este sentido, se vuelve clave fomentar espacios que potencien no solo lo cognitivo, sino también lo artístico, deportivo y emocional y fomentar competencias sociales como la cooperación y el diálogo. Las autoridades están llamadas a trabajar con los docentes para generar espacios integrales que respondan a las necesidades reales de los estudiantes en un mundo cambiante.