En la actualidad, la enseñanza de la literatura puede tomarse como una empresa intrascendente o incluso una broma anacrónica. En mi experiencia diaria como docente, he observado cómo las Tecnologías de la Información y Comunicación han transformado profundamente la enseñanza de la literatura, aunque no sin desafíos. El artículo plantea que las TIC están presentes en casi todos los ámbitos del desarrollo humano y han alterado la construcción y difusión del conocimiento, lo que en mi práctica se traduce en el uso constante de plataformas digitales, bibliotecas virtuales y recursos multimedia que enriquecen la experiencia literaria. Sin embargo, también coincide con mi experiencia que la mera incorporación del equipamiento tecnológico no asegura cambios sustantivos en el aprendizaje, pues he notado que es fundamental diseñar actividades que promuevan competencias digitales críticas, fomentando no solo el acceso a la información sino la interpretación y la reflexión profunda sobre los textos, tal como señala Islas Torres (2017) que “el equipamiento tecnológico no asegura, ni es suficiente para, avanzar en los cambios más sustantivos”.
Además, reconozco en mis estudiantes la necesidad de desarrollar habilidades para gestionar la abundancia de datos disponibles, desde un pensamiento estadístico hasta la capacidad de desconectarse, tal y como indica el texto, que la evolución tecnológica demanda “capacidades de filtrado de datos, pensamiento estadístico, análisis y visualización de la información, pensamiento flexible e incluso un entrenamiento para tener la capacidad de desconectarse” (Islas Torres 2017). También he constatado la brecha entre la rapidez con que evolucionan las tecnologías y la lentitud de la educación para integrarlas de manera significativa, lo que coincide con la afirmación de que “la educación aún está retrasada y múltiples factores frenan su avance” (Islas Torres 2017), y por ello considero indispensable la formación continua para los docentes y la reflexión crítica sobre el uso pedagógico de la tecnología.
Finalmente, valoro cómo las TIC democratizan el acceso al conocimiento literario mediante recursos abiertos y cursos en línea, permitiendo que los estudiantes exploren la literatura desde una postura crítica y creativa, alineado con la idea de que las tecnologías ofrecen “rutas y acciones por experimentar” en la educación. En síntesis, la tecnología es una aliada poderosa para la enseñanza de la literatura cuando su uso se fundamenta en un diseño pedagógico consciente que promueve competencias cognitivas complejas y responde a los retos del entorno digital actual.
Referencias
Islas Torres, Claudia. 2017. “La implicación de las tecnologías de la información y comunicación en la educación: alcances, limitaciones y perspectivas.” Revista Iberoamericana de Educación a Distancia 8, no. 15 (julio-diciembre): 1-16. https://doi.org/10.23913/ride.v8i15.324

Coincido con su aporte; sin embargo, considero importante destacar la brecha que se genera al intentar incorporar estas herramientas tecnológicas de forma generalizada. Como es bien sabido, muchas instituciones educativas carecen de los recursos económicos necesarios para implementar adecuadamente estas tecnologías. A esto se suma la dificultad que enfrentan muchos estudiantes para acceder a ellas o dominarlas sin una capacitación o nivelación previa.
Si bien sería ideal que todos partieran del mismo nivel de conocimiento y acceso una visión utópica, es evidente que esto no es una realidad. Por ello, es fundamental que desde el profesorado y las instancias superiores se promuevan estrategias para reducir estas desigualdades, procurando alcanzar un punto común de partida que, en la medida de lo posible, no solo equipare, sino que potencie las competencias digitales de toda la comunidad educativa.
Estimado Pablo coincido plenamente en que la tecnología, por sí sola, no transforma la educación: lo esencial es cómo se la integra pedagógicamente. Me parece valioso cómo subrayas la importancia de promover competencias digitales críticas y la necesidad de que los docentes asumamos una actitud reflexiva ante el uso de estas herramientas.
Sin embargo, me gustaría agregar una dimensión que refuerce aún más tu argumento: el desafío de enseñar literatura en un contexto cultural donde predomina la inmediatez y la fragmentación del conocimiento, algo que Zygmunt Bauman expone con profundidad. En Los retos de la educación en la modernidad líquida, Bauman (2007) advierte que “el conocimiento se ajusta al uso instantáneo y se concibe para que se utilice una sola vez” (Bauman 2007, 29), lo cual choca frontalmente con la naturaleza de la literatura, que requiere tiempo, contemplación, interpretación y memoria.
Desde esta perspectiva, enseñar literatura hoy no es solo una práctica académica, sino también un acto de resistencia cultural frente a la superficialidad del consumo digital. La literatura exige pausa, profundidad y conexión emocional, cualidades que se ven amenazadas por una lógica de inmediatez que, como señala Bauman, está siendo internalizada por los jóvenes que “saben cambiar de dirección, adaptarse a circunstancias variables” pero que, a la vez, “suelen ser escépticos respecto a las promesas” de un futuro sólido (Bauman 2007, 14).
Por ello, integrar las TIC en la enseñanza literaria debe hacerse no solo para modernizar contenidos, sino también para crear puentes entre lo efímero y lo duradero, entre el dato rápido y la reflexión profunda. En este sentido, la literatura mediada por tecnología puede ser una vía poderosa para formar lectores críticos que sepan navegar, interpretar y resistir en un mundo saturado de información fugaz.
Tu reflexión sobre la enseñanza de la literatura en la era digital es muy acertada, pues reconoce tanto las oportunidades como los desafíos que conlleva la incorporación de las TIC en el aula. Es cierto que la tecnología ha revolucionado la manera en que los estudiantes acceden y procesan la información, pero como bien mencionas, su impacto en el aprendizaje depende de un diseño pedagógico consciente que fomente la interpretación crítica y el análisis profundo. La velocidad con la que evolucionan las herramientas digitales contrasta con la lentitud del sistema educativo para integrarlas de manera efectiva, lo que hace indispensable la formación continua de los docentes para aprovechar su potencial sin caer en la simple digitalización de contenidos. Además, la necesidad de enseñar a los estudiantes a gestionar la sobrecarga de información y desarrollar pensamiento estadístico y crítico es clave para que la tecnología no solo facilite el acceso, sino que también empodere su capacidad de reflexión.
Completamente de acuerdo con esta publicación que ofrece una mirada lúcida y equilibrada sobre los desafíos y oportunidades que plantea el uso de las TIC en la enseñanza de la literatura. Coincido plenamente en que la tecnología, por sí sola, no garantiza aprendizajes significativos, y que su verdadero potencial se revela cuando está integrada a una planificación pedagógica que promueve la reflexión, el pensamiento crítico y la apreciación estética. Es muy pertinente tu mención a Islas Torres, pues recuerda que el equipamiento es solo el punto de partida, no el destino del cambio educativo.
Además, rescato especialmente tu observación sobre la necesidad de formar a los estudiantes en la gestión crítica de la información. En un entorno saturado de datos, enseñar literatura también implica formar lectores capaces de interpretar discursos, filtrar contenidos y construir sentido desde la complejidad. Como bien señalas, las TIC pueden ser una puerta de acceso a experiencias literarias más diversas y democráticas, siempre que los docentes mantengamos una actitud crítica, creativa y actualizada frente a sus posibilidades didácticas.