La docencia como acto creativo: enseñar para imaginar

Como docente, la lectura del artículo “Creatividad y educación: llegar con una buena idea” de Romina Elisondo ha sido profundamente reveladora y movilizadora. Me ha permitido repensar mi práctica cotidiana desde una perspectiva más amplia, entendiendo que la creatividad no es patrimonio exclusivo del arte, sino una capacidad transversal que puede y debe desarrollarse en todas las áreas del conocimiento. Este enfoque me invita a diseñar propuestas didácticas que promuevan el pensamiento divergente, la curiosidad, la emoción y la interacción social como motores del aprendizaje, dentro y fuera del aula.
El texto también me interpeló al destacar el rol del docente como generador de contextos creativos, que debe “llegar con una buena idea”, es decir, con propuestas planificadas, pertinentes y desafiantes que despierten el interés de los estudiantes y les permitan apropiarse del conocimiento desde su propia experiencia. Me motiva especialmente la idea de romper con estructuras rígidas, integrar actividades extracurriculares, propiciar el trabajo interdisciplinar y fomentar un ambiente emocionalmente seguro donde las ideas, las preguntas y los errores sean bienvenidos. Sin duda, este artículo me impulsa a seguir buscando formas de innovar en el aula y de potenciar la creatividad como una herramienta para el desarrollo integral de mis estudiantes.

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