En la búsqueda de construir una educación que esté a la altura de los nuevos desafíos (como los avances tecnológicos, los aspectos socioemocionales, la diversidad en la composición familiar y las necesidades educativas específicas, entre otros), es fundamental analizar cómo nuestras clases pueden brindar herramientas que permitan a los estudiantes convertirse en generadores de ideas innovadoras orientadas a aportar soluciones a su entorno.
En este sentido, los docentes desempeñamos un rol clave en la planificación de procesos que promuevan la creatividad tanto dentro como fuera del aula, tal como lo señala Elisondo (2018). Fomentar la creatividad en docentes y estudiantes posibilita el desarrollo de una educación más inclusiva, significativa e inspiradora; una educación en la que todos seamos protagonistas en la generación de conocimiento, con la mirada puesta en resolver los problemas reales que se presentan en los diferentes contextos.
Considero especialmente valioso el aporte de Elisondo en el proceso de ideación del proyecto final para la asignatura de Innovación Curricular, ya que ofrece perspectivas e ideas que pueden integrarse o complementarse con las que estamos generando junto al resto del grupo.
Referencia
Elisondo, Romina Cecilia. 2018. «Creatividad y educación: llegar con una buena idea». Creatividad y sociedad: revista de la Asociación para la Creatividad, n.o 27 (Febrero): 145-66.

La reflexión de mi compañero José María me pareció sumamente pertinente y oportuna, especialmente en un contexto educativo que nos exige repensar continuamente nuestras prácticas. Me pareció muy acertada la conexión que hace con los aportes de Elisondo (2018), especialmente al resaltar el rol de la creatividad como una herramienta clave para que docentes y estudiantes se conviertan en protagonistas activos del conocimiento. Promover espacios donde surjan ideas innovadoras y contextualizadas no solo fortalece el proceso de enseñanza-aprendizaje, sino que también empodera a nuestros estudiantes para convertirse en agentes de cambio en su entorno.
Además, destaco su visión del proyecto final como una oportunidad real para aplicar estas ideas en la práctica. Creo que cuando articulamos teoría, experiencia y creatividad, podemos construir propuestas que respondan a las necesidades reales de nuestras comunidades educativas. En definitiva, su reflexión me motiva a seguir aportando con compromiso y apertura al trabajo grupal, entendiendo que la educación del futuro se construye con decisiones valientes en el presente.
Tu reflexión aborda con claridad el papel transformador de la creatividad en la educación del siglo XXI. Coincido plenamente con la idea de que la creatividad no debe verse como un accesorio pedagógico, sino como un eje estructural del aprendizaje significativo. El énfasis que haces en el rol del docente como diseñador de experiencias que promuevan la generación de ideas innovadoras es fundamental, especialmente en un contexto marcado por la diversidad y la incertidumbre. Elisondo (2018) nos recuerda que fomentar entornos creativos no solo mejora la motivación y la inclusión, sino que también empodera a los estudiantes como agentes de cambio. Valoro además que relaciones este enfoque con nuestro proceso de ideación en el proyecto de innovación curricular: integrar esta perspectiva nos permitirá pensar soluciones más auténticas, adaptadas y transformadoras para nuestras realidades educativas. Gracias por esta contribución tan oportuna y pertinente.