Creatividad y educación: un vínculo necesario para transformar el aula

El artículo de Romina Elisondo (2018), “Creatividad y educación: llegar con una buena idea”, propone una perspectiva profundamente transformadora sobre el papel de la creatividad en el ámbito escolar. En lugar de limitarla al arte o a actividades excepcionales, la autora sugiere que la creatividad debe ser una parte integral de la experiencia educativa. En el contexto actual, donde la educación requiere adaptabilidad e innovación, esta propuesta es más pertinente que nunca.

Una de las ideas más potentes del texto es entender la creatividad como un fenómeno social y contextual, que nace del intercambio entre personas, objetos y culturas. Este enfoque rompe con la noción individualista de la creatividad como talento innato, y la convierte en una posibilidad compartida. Para los docentes, esto implica dejar de ser transmisores de información y convertirse en facilitadores de entornos estimulantes, donde las ideas circulen, se debatan y se transformen. En mi experiencia como docente rural, los mejores momentos de aprendizaje han surgido cuando los estudiantes se sienten escuchados, motivados a participar y desafiados a pensar diferente.

Elisondo también cuestiona los límites tradicionales entre asignaturas. Propone una visión “indisciplinada” de la educación, donde los conocimientos se entrelazan, las preguntas guían el aprendizaje y se rompe con la rutina para fomentar la innovación. Actividades extracurriculares, salidas pedagógicas o simplemente incorporar el asombro como herramienta didáctica, son caminos viables para desarrollar una educación creativa. Esta propuesta también valora las llamadas “mini-creatividades”, esos pequeños gestos, ideas o preguntas que surgen de manera espontánea y que deben ser acogidos como oportunidades pedagógicas.

Reflexionar sobre esta lectura me llevó a repensar mi rol como docente. No basta con llevar una “buena idea” al aula —como sugiere el título del artículo—, también es necesario abrir espacio para que las ideas de los estudiantes florezcan. La creatividad no es un recurso decorativo en la educación, sino una herramienta poderosa para transformar los entornos de aprendizaje y formar sujetos críticos, activos y comprometidos con su realidad.


Referencia Bibliográfica:
Elisondo, R. (2018). Creatividad y educación: llegar con una buena idea. Creatividad y Sociedad.

2 Replies to “Creatividad y educación: un vínculo necesario para transformar el aula”

  1. Gracias por tu reflexión, que destaca de forma clara y crítica los aportes de Elisondo (2018) al pensar la creatividad como un fenómeno social, contextual y profundamente pedagógico. Coincido contigo en que esta perspectiva invita a repensar el rol docente no como transmisor de contenidos, sino como generador de entornos donde las ideas circulen, se debatan y se transformen. Me parece muy acertado cómo conectas la noción de “mini-creatividades” con tu experiencia en contextos rurales, ya que esas manifestaciones espontáneas del pensamiento divergente son, muchas veces, las que realmente movilizan el aprendizaje. Asimismo, tu alusión a una educación “indisciplinada” interpela directamente los marcos curriculares tradicionales y propone una mirada mucho más fluida, abierta a lo interdisciplinario y sensible a la realidad de los estudiantes. Sin duda, integrar creatividad y educación no es un adorno metodológico, sino una apuesta por una transformación educativa profunda.

    1. La reflexión que hace el compañero Xavier, en torno al texto de Romina Cecilia Elisondo es sumamente valiosa y necesaria sobre el lugar de la creatividad en la educación. Coincido por completo en que la creatividad no debe limitarse a lo artístico o a momentos aislados, sino que debe atravesar toda la experiencia educativa. En un contexto como el actual, donde los desafíos sociales, tecnológicos y culturales exigen respuestas novedosas, es fundamental que desde las escuelas se promueva entornos en los que la innovación, el pensamiento crítico y la imaginación sean habilidades cotidianas.
      Conderada la idea de la creatividad como fenómeno social.
      En mi práctica de investigación educativa, he comprobado que cuando los aprendizajes se conectan desde la partecreativay académica, cuando se permite la exploración, el juego y la sorpresa, el interés de los estudiantes crece notablemente, logrando enriquecer gradualmente la experiencia escolar.

      En definitiva, este artículo nos invita a repensar no solo cómo enseñamos, sino también para qué. Fomentar la creatividad no es un lujo, es una necesidad urgente si queremos formar personas capaces de transformar su realidad, de cuestionar lo dado y de imaginar futuros posibles. Como docente, me siento comprometido a seguir construyendo ese tipo de aula: abierta, participativa y profundamente creativa.

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