“Llegar con una buena idea implica también planificación y reflexión por parte de los profesores respecto de las propuestas educativas y sus potenciales impactos en el aprendizaje y la creatividad de los estudiantes.” (Elisondo, 2018, 158)
Romina Cecilia Elisondo (2018) nos propone pensar la creatividad como un fenómeno complejo, que va mucho más allá del arte o la cognición. En su artículo Creatividad y educación: llegar con una buena idea, la autora ofrece un enfoque integrador, donde la creatividad no es propiedad exclusiva del talento individual, sino el resultado de una interacción constante entre personas, contextos, emociones y objetos culturales.
Una de las ideas más potentes del texto es la noción de “llegar con una buena idea” al aula. Esta expresión encierra una responsabilidad ética y profesional del docente: planificar con intención, conocer a los estudiantes y generar ambientes propicios para el pensamiento divergente. En mi experiencia como docente de jóvenes y adultos en educación técnica semipresencial, he comprobado que no basta con tener recursos; lo que realmente transforma la clase es la actitud de apertura, de sorpresa y de diálogo que proponemos desde nuestra planificación.
Elisondo también nos recuerda que la creatividad no se limita a las aulas ni a una sola disciplina. Es transversal, vital y profundamente humana. Las actividades extracurriculares, las experiencias fuera del aula, y la interacción con diversos actores sociales son claves para activar procesos creativos. En este sentido, proyectos interdisciplinarios o “indisciplinados”, como los llama la autora, permiten a los estudiantes construir conocimientos significativos y genuinos.
Finalmente, esta lectura me ha llevado a cuestionar cuánto espacio dejamos a la creatividad en nuestras prácticas cotidianas docentes. ¿Escuchamos realmente las ideas inesperadas de los estudiantes? ¿Diseñamos tareas que admiten múltiples soluciones? La innovación curricular, en este marco, no es otra cosa que permitirnos como educadores repensar los límites de nuestra propia creatividad pedagógica.
