La educación siempre ha sido considerada como la mejor de las “herencias”, pero es importante comprender que no se trata únicamente de conocimientos, asignaturas o de cuánto se logra aprender. La educación es un ente integral en el que participan varios actores, y donde se destaca un protagonista principal: el estudiantado.
Si bien es cierto que este ocupa una posición clave, sería un error pensar que puede actuar por sí solo. Su desarrollo se complementa con el escenario (los espacios educativos), los actores secundarios (los maestros) y los personajes de apoyo (los padres). Todos ellos conforman esta teatralidad educativa, la cual es guiada por un ente director: el Ministerio de Educación.
Gracias a un esfuerzo conjunto, es posible perfeccionar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo, en muchas ocasiones se cae en una rutina pedagógica que se transmite de año en año, sin entender que necesita ser renovada desde lo más simple hasta lo más complejo. Esto se debe a que el estudiantado evoluciona constantemente y requiere de nuevas estrategias, metodologías, didácticas y herramientas para generar aprendizajes sólidos que le permitan enfrentar nuevos escenarios.
¿Pero de qué depende esta evolución? Es una tarea compartida, donde no basta con la acción de un solo personaje. Se necesita que todo el reparto educativo sea proactivo, innovador y, sobre todo, esté motivado a evolucionar hacia un estado donde se anticipen situaciones, se relacionen hechos con la realidad del aula, y se brinden condiciones y desafíos que estimulen la resolución de problemas, entre otros aspectos fundamentales.
El docente, más allá de ser un transmisor de conocimientos, se convierte en un agente de cambio fundamental dentro del proceso educativo. Su compromiso con la innovación implica una actitud abierta a nuevas metodologías, al uso creativo de la tecnología y a la constante reflexión sobre su práctica. Un maestro comprometido no se conforma con repetir esquemas del pasado, sino que busca transformar el aula en un espacio dinámico, inclusivo y significativo. Reconoce que la educación debe adaptarse a las necesidades de un mundo en constante cambio, y por ello asume con responsabilidad el reto de formar estudiantes críticos, autónomos y capaces de desenvolverse en contextos diversos.
Educar no es simplemente transmitir información, sino formar seres humanos capaces de pensar, cuestionar, crear y transformar su realidad. La evolución del sistema educativo no debe depender únicamente de reformas estructurales, sino del compromiso consciente y activo de todos los involucrados. Solo cuando comprendamos que educar es un acto colectivo y dinámico, podremos construir entornos de aprendizaje verdaderamente significativos, donde cada estudiante no solo reciba conocimientos, sino también herramientas para construir su propio camino con sentido y propósito. Es por ello que el cambio se debe de dar desde el “pensamiento” del profesorado buscando aprender, capacitarse para ser un profesional que innove en su clase diaria-vida diaria.
Elisondo, R. C. (2018). Creatividad y educación: llegar con una buena idea. Creatividad y Sociedad, (27), 145–166.

El mensaje que nos comparte en esta reflexión, nos invita a repensar, la educación como un proceso profundamente humano, dinámico y colectivo. Lejos de ser solo la transmisión de conocimientos, educar implica una construcción conjunta en la que cada actor tiene un rol esencial: el estudiante como protagonista, el docente como guía e innovador, y la familia y el Estado como pilares de apoyo. La reflexión central radica en reconocer que la enseñanza no puede mantenerse estática, repitiendo esquemas que ya no responden a las realidades del presente. El mundo cambia, y con él cambian también las necesidades, intereses y contextos de los estudiantes. Por eso, es urgente que el profesorado asuma una actitud de apertura, cuestionamiento y renovación constante. No se trata de hacer más de lo mismo, sino de transformar la práctica educativa desde dentro, comenzando por el pensamiento crítico y reflexivo del docente. Solo así se podrá generar un aprendizaje significativo, que prepare a los estudiantes no solo para aprobar exámenes, sino para desenvolverse con autonomía, creatividad y responsabilidad en la vida. La educación debe ser ese puente entre lo que somos y lo que podemos llegar a ser, y eso solo es posible si todos los involucrados asumimos el compromiso de evolucionar juntos.