Reflexión 3 Valores Educativos en la cooperación

Mantener la claridad del rol que se ejecuta en un proceso de creación colaborativa es una práctica indispensable que debe ser concientizada tanto dese los actores del proceso como desde la persona que ejecuta su rol de manera individual. Los cuales cumplen cierto rol en el pensamiento científico.

Antes, durante y al final de toda práctica educativa, se generan ideas a partir de estímulos involuntarios de los actores educativos que permiten entender la funcionalidad de las actividades que se están desarrollando y que pretende generar soluciones o conflictos que desequilibran las emociones o conductas psicológicas de los actores, esto naturalmente se asocia a las faces de aprendizaje grupal, sobre los obstáculos o carencia de liderazgo, para encausar un proyecto por rumbos conocidos o trazados.

Dependiendo de la dificultad de gestión, todos los actores son evaluadores del proceso creativo, y naturalmente todos están en su derecho de emitir comentarios u opiniones sobre el estado, consecución y desarrollo eficiente de los esfuerzos individuales y conjuntos que se están aplicando a un proyecto.

Las ciencias paradigmáticas pueden cumplir muchas funciones en el ideario de los actores de procesos creativos o de producción, lo cual a pesar de funcionar de forma maravillosa en los procesos de producción, ocasionan un desequilibrio constante por la complejidad del elemento cognitivo que cada persona emplea.     

La sencillez y la consecución pausada y respetuosa de operaciones, en cuanto a la identidad o rol que cumple cada persona, es fundamental en un proceso de creación o producción.

One Reply to “Reflexión 3 Valores Educativos en la cooperación”

  1. Como docente, coincido plenamente con mi compañero, en que reconocer y asumir con claridad el rol que cada actor desempeña dentro de un proceso colaborativo es esencial para el éxito de cualquier proyecto educativo. La creación colectiva en el aula no puede florecer si no se cultiva la conciencia de responsabilidad individual dentro del todo. La educación, entendida como una construcción social, requiere que cada estudiante se perciba no solo como receptor, sino como protagonista con voz y criterio. En ese sentido, el pensamiento científico aplicado a los procesos educativos permite comprender y analizar los obstáculos desde una perspectiva lógica, emocional y contextual, lo cual es indispensable para guiar a los estudiantes en su crecimiento integral.
    Sin embargo, me parece importante señalar que la complejidad del factor humano no puede resolverse únicamente con claridad de roles o estructuras. La creatividad, los conflictos y las emociones no siempre siguen rutas previsibles. A veces, del caos nace el aprendizaje más profundo. Por ello, como docentes, debemos permitir espacios donde el error, la incertidumbre y la improvisación también sean parte del proceso. La educación no es solo una secuencia ordenada de pasos, sino una experiencia viva que exige sensibilidad para adaptarse a las dinámicas del grupo. Innovar también es aprender a soltar el control y confiar en la inteligencia colectiva.

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