¿Desde hace cuándo parece que los dispositivos tecnológicos han constituido una especie de extensión de nuestro cuerpo o bien, de nuestra identidad? El texto de Claudia Islas Torres nos expone algunas realidades sobre la afectación de la tecnología, (más que juzgar si para bien o para mal) lo que se busca es la comprensión del fenómeno, la alteración de ciertas conductas, la transformación de otras, y por supuesto, ser conscientes de las limitaciones.
Observamos, en primera instancia, una gran diferencia con respecto al acceso de las TIC que, ciertamente, en América Latina aún no nos encontramos del todo abastecidos a diferencia de los países desarrollados, incluso falta mucha alfabetización digital, sin embargo, hay una cantidad representativa de jóvenes que la utilizan; más allá que el uso constante de las TICs signifique un prejuicio, la autora le apuesta a todas las habilidades y destrezas que se puedan desarrollar a partir de ellas.
Se ha dicho que, la tecnología, por si misma, no garantiza aprendizaje ni generación de conocimiento, por lo que debe pensarse en el diseño de actividades que realmente promuevan competencias digitales. Si bien los jóvenes la utilizan con fines de ocio e interacción social, no siempre están conscientes de que se puede crear conocimiento, o bien en profundizar en el gama de posibilidades que pueden crear a través de ellas.
El texto menciona que la incorporación efectiva de las TIC requiere identificar y modificar hábitos culturales y contextuales complejos. Se reconoce que la educación avanza más lentamente que la tecnología, lo que genera una brecha significativa entre ambas. Este desfase frena la transformación profunda del sistema educativo, que sigue sin adaptarse completamente a las exigencias de la sociedad del conocimiento.
Aunque se espera que los estudiantes millenials respondan a estas demandas con habilidades avanzadas, en la práctica aún no alcanzan a aprovechar plenamente los entornos digitales colaborativos ni a generar conocimiento de forma crítica. Así, si bien las TIC representan una gran oportunidad para ampliar y diversificar la formación, también exigen propuestas institucionales e individuales que promuevan soluciones sostenibles, pertinentes y de calidad.
El texto también plantea que el uso de TIC debe permitir un aprendizaje flexible, contextualizado, no lineal y con posibilidades de revisión, corrección, deconstrucción y creación. Esto implica superar el simple uso curricular de dispositivos para transitar hacia una cultura digital que reconozca los procesos de creación de conocimiento que también surgen fuera del aula. También se destacan conceptos emergentes como la curación de contenidos, la personalización del aprendizaje y la gamificación, los cuales buscan explicar y potenciar el papel de la tecnología en la educación contemporánea. La efectividad depende de cómo se integren en los contextos reales de enseñanza y aprendizaje.
