Innovar en tiempos de educación sobre masificadora

Para nadie es un secreto que la educación fiscal en Ecuador se basa en la masificación. En las instituciones con suerte, hay unos treinta estudiantes por aula, pero en otras menos afortunadas pueden ser hasta cuarenta. Esto complica la atención personalizada y afecta la calidad del aprendizaje, ya que lo ideal es que los grupos sean pequeños para que cada estudiante reciba una educación más enfocada en sus necesidades y potencial. Sin embargo, el modelo fiscal prioriza la cantidad sobre la calidad, lo que deja en evidencia sus grandes desafíos.


La educación masificadora sigue siendo la regla en el sistema fiscal ecuatoriano, y aunque garantiza el acceso para miles de estudiantes, enfrenta retos serios en cuanto a calidad y adaptación a las exigencias del mundo actual. Como docente fiscal palpo que aunque innovar sea lo correcto para una educación de calidad es difícil en un contexto donde la infraestructura es insuficiente, los docentes tienen cargas laborales extenuantes, y los recursos tecnológicos son escasos. La idea de modernizar y personalizar la enseñanza parece cada vez más inalcanzable, pues requiere cambios estructurales profundos que el sistema no siempre está dispuesto a hacer.

A pesar de estas dificultades, la innovación en educación no debería ser vista como una utopía, sino como una meta a largo plazo. Con la implementación de estrategias más flexibles, como el uso de tecnología para personalizar la enseñanza o la inclusión de metodologías activas, se pueden dar pequeños pasos hacia una educación más efectiva. El verdadero desafío está en equilibrar el acceso masivo con la calidad, sin olvidar que el futuro de la educación depende de cómo logremos adaptarnos a las nuevas realidades sin dejar a nadie atrás. Y sobre todo el dejar de ser docentes rutinarios.

2 Replies to “Innovar en tiempos de educación sobre masificadora”

  1. Coincido plenamente con la crítica planteada en el artículo: la masificación en la educación fiscal limita seriamente la posibilidad de una enseñanza de calidad. En el caso de la Literatura, esto se vuelve aún más evidente, ya que fomentar el pensamiento crítico, la interpretación de textos y el diálogo requiere espacios íntimos y participativos. Con 40 estudiantes por aula, es casi imposible dar voz a todos o realizar una lectura profunda. La enseñanza literaria necesita tiempo, atención y diálogo; sin estos elementos, se convierte en una repetición mecánica, perdiendo su poder formativo y transformador.

  2. Tu reflexión pone en evidencia una realidad que muchos docentes vivimos día a día: innovar en un sistema educativo masificado es un reto constante. No obstante, coincido plenamente en que la innovación no debe verse como un lujo, sino como una necesidad urgente para transformar la enseñanza desde dentro, incluso en condiciones adversas. Si bien las limitaciones estructurales son evidentes —como el exceso de estudiantes por aula, la falta de recursos y la sobrecarga docente—, también es cierto que pequeñas acciones pueden generar cambios significativos. Por ejemplo, el uso estratégico de herramientas digitales accesibles, la implementación gradual de metodologías activas, o incluso el rediseño de actividades más participativas pueden abrir caminos hacia una educación más significativa. La clave está en mantener una actitud crítica, creativa y colaborativa, sin perder de vista que la transformación educativa comienza con cada decisión pedagógica que tomamos en el aula.

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