Es muy interesante la manera en que la irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) ha reformulado radicalmente la manera en que accedemos, compartimos y construimos conocimiento. En el ámbito educativo, su presencia es evidente y, como señala Islas Torres (2017), ya no pueden considerarse herramientas ajenas al proceso formativo, sino elementos intrínsecos de la experiencia escolar contemporánea. Esta autora describe un proceso de “metamorfosis” del conocimiento, donde las TIC han facilitado avances importantes: mayor acceso a materiales didácticos, interacción remota, e inclusión mediante modelos como los MOOC. Sin embargo, también advierte sobre el riesgo de que la tecnología se utilice de forma superficial, reduciendo a los estudiantes a meros receptores de contenido, sin un verdadero impacto en su formación crítica o participativa.
El texto también expone con claridad las limitaciones que persisten: apatía estudiantil, falta de habilidades digitales y modelos pedagógicos que aún responden a estructuras tradicionales. Como bien se señala, no se puede aspirar a una universidad verdaderamente transformada si se siguen aplicando tecnologías nuevas a marcos educativos obsoletos.
Desde mi punto de vista, el texto de Islas Torres invita a una reflexión necesaria: ¿estamos realmente innovando o simplemente modernizando la apariencia del sistema educativo sin tocar su fondo? Considero que, si bien las TIC poseen un enorme potencial democratizador, su uso acrítico puede llevar a una mercantilización del conocimiento y a una educación cada vez más centrada en el consumo rápido de información, sin espacio para la reflexión profunda.
Por eso, las preguntas que se plantean al final del texto son fundamentales: ¿estamos usando las TIC como herramientas de liberación o como dispositivos de control? ¿Es suficiente digitalizar sin transformar la pedagogía? Para que la tecnología tenga un impacto real, no basta con incorporar dispositivos o plataformas: es indispensable repensar los objetivos, métodos y valores que sustentan la enseñanza. Solo así será posible una verdadera transformación educativa, en la que las TIC sean aliadas del pensamiento crítico, la creatividad y la inclusión.
