Los retos de la educación en la modernidad líquida

Es innegable que en la actualidad vivimos en una realidad que nada es duradero y las relaciones, las instituciones y los valores son inestables. Esta realidad no excluye a la educación, que hoy en día no se la ve como un proceso que requiere atención, dedicación y esfuerzo, por el contrario, se ha convertido en un producto que necesita ser inmediato y fácil de usar. La educación, que requiere tiempo, constancia y espera, se ve desvalorizada por esta lógica de inmediatez, la sociedad y lo actores de la educación inclusive hemos caído en la impaciencia en donde todos queremos las cosas de inmediato y si no se ven resultados al instante, se entiende que el proceso educativo no ha funcionado. El texto de Bauman nos confronta como docentes con una realidad cada vez más palpable: enseñar hoy no es lo mismo que ayer, y mucho menos se parece a lo que fuimos formados para hacer. Vivimos en una época donde todo cambia a gran velocidad, es decir, el rol del docente debe cambiar, y responder a las necesidades que se presentan a diario con nuestros estudiantes.

Desde el aula, esto se manifiesta en múltiples formas. Los estudiantes muestran dificultad para sostener la atención, menor tolerancia a la espera y una demanda constante de novedad. No porque carezcan de interés o capacidad, sino porque han sido formados en una lógica de consumo instantáneo, tal como describe Bauman. Esta cultura impacta en sus expectativas frente a la escuela, a las clases y al propio rol del docente. Cada día se presenta un desafío, y no sabemos con qué realidad nos encontraremos nos encontraremos en el salón de clases, ahora bien, en respuesta a ello, debemos ubicar al proceso educativo en el centro, detenernos y pensar detenidamente en lo que queremos lograr.

2 Replies to “Los retos de la educación en la modernidad líquida”

  1. Es muy valioso e interesante la analogía que realizas, entre el consumo instantáneo y su contraste con lo que el estudiante espera y vive en los salones de clase. Una marcada postura respecto con lo “obsoleta” que podría llegar a ser la educación desde este punto de vista.

    Considero, por otra parte que en ciertos casos sí podría existir falta de interés y capacidad en cierto porcentaje de estudiantes. No obstante, lo que afirmas respecto a la lógica de consumo instantáneo no podría apegarse más a la realidad de nuestra educación local. Un muy valioso aporte.

  2. Coincido con usted estimada Niza, vivimos en una época marcada por la inestabilidad y la fugacidad. Las relaciones personales, las instituciones sociales y los valores que en otros tiempos se consideraban sólidos, hoy parecen disolverse rápidamente bajo la lógica de la inmediatez. Enseñar hoy no es lo mismo que en el pasado, y mucho menos se asemeja a la forma en que fuimos formados para hacerlo. Nos enfrentamos a estudiantes inmersos en un mundo digital, acostumbrados a respuestas instantáneas y estímulos constantes, lo que exige nuevas estrategias pedagógicas y, sobre todo, una gran capacidad de adaptación.
    Sin embargo, esta lógica de inmediatez ha generado una peligrosa distorsión: si no se observan resultados educativos al instante, se tiende a considerar que el proceso ha fracasado. Esta visión utilitarista y superficial de la educación desvaloriza aspectos fundamentales del aprendizaje como la constancia, la reflexión profunda, el error como parte del camino y el desarrollo progresivo de habilidades y conocimientos.
    Educar implica acompañar, guiar, provocar preguntas y sembrar inquietudes que muchas veces no dan frutos de forma inmediata. Requiere paciencia, escucha y compromiso. Enseñar y aprender son actos profundamente humanos que requieren tiempo. Y en ese tiempo, aunque parezca lento o silencioso, se gesta lo verdaderamente transformador.

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