La lectura del texto Educar e innovar. Un viaje hacia el cambio educativo de Carlos Magro ha sido una provocación necesaria para repensar lo que entendemos por innovación en el ámbito educativo. Lejos de los discursos complacientes que asocian innovar con implementar tecnología o metodologías de moda, Magro nos recuerda que la verdadera innovación es un proceso profundamente ético, contextual y comprometido con el cambio social.
Lo que más me ha interpelado es su crítica a la visión instrumental de la innovación, que muchas veces se vacía de sentido pedagógico. Como bien plantea el autor, innovar no es un fin en sí mismo, sino un medio para garantizar el derecho a una educación de calidad, equitativa y significativa para todos.
Este enfoque me llevó a cuestionar mis propias prácticas: ¿estoy realmente generando espacios de aprendizaje transformadores o simplemente reproduciendo lo nuevo como sinónimo de lo mejor? Magro pone sobre la mesa una verdad incómoda: no toda innovación es educativa, y no toda educación necesita ser constantemente reinventada, si no responde a un análisis crítico del contexto.
Como educador comprometido con la transformación, me quedo con la invitación que hace el autor a pensar la innovación desde el diálogo, la reflexión compartida y la acción colectiva. Es ahí donde cobra sentido, donde deja de ser una estrategia aislada para convertirse en una herramienta de justicia educativa.
Este texto no solo informa, sino que incomoda, cuestiona y moviliza, cualidades esenciales de toda propuesta educativa que aspire a cambiar el mundo desde las aulas.
