El Patrimonio y la creatividad contribuyen a la construcción de sociedades del conocimiento dinámicas, innovadoras, y prósperas. (UNESCO, 2017:1)
La creatividad no surge de la nada, sino del vínculo entre las personas (los sujetos) y los elementos culturales que las rodean (los objetos de la cultura), como el arte, la tecnología, el lenguaje, las tradiciones, etc. Por ejemplo, una persona puede inspirarse en una pintura, en una canción o en una costumbre local para crear algo nuevo, así lo sostiene Glaveanu (2015:2017), los procesos creativos se desarrollan a partir de interacciones entre los sujetos y los objetos de la cultura en el marco de determinados lenguajes, prácticas culturales y consensos construidos en comunidad.
Para la promoción de la creatividad en el ámbito educativo es muy importante considerar los elementos claves como son los conocimientos, lenguajes, interacciones y objetos de cultura.
La creatividad implica un cambio de mentalidad, en nuestra forma de pensar, sentir y actuar, de esta manera se exige abandonar los viejos hábitos para adoptar otros nuevos como activar los dos hemisferios cerebrales, confiar en nosotros mismos para crear un hombre nuevo y una conciencia nueva, de esta manera se estará construyendo una Escuela Creativa Transformadora. Esto conlleva a grandes esfuerzos como cambiar la imagen limitante que tiene en sí mismo, un nivel alto de la inteligencia emocional.
En el proyecto que estamos desarrollando se observó en la encuesta a los estudiantes que las clases son valoradas en forma positiva, pero en sí el curso se sienten desorientados por falta de orientación y guía. El compromiso como docentes es contribuir en el desarrollo personal y desarrollo social. El concepto de ser creativos conduce en la búsqueda de resultados novedosos, originales, valiosos y significativos que contribuyan a la sociedad y perduren en el tiempo.
Los docentes se enfrentan en un gran reto ya que para ser innovadores para impulsar las habilidades cognitivas y socio-emocionales de los estudiantes. Además, el humor y la pasión son ingredientes indispensables para la educación creativa (Craft, Hall y Costello, 2014; Newton, 2013); como también actividades sorpresas o desafiantes, el trabajo colaborativo, la lluvia de ideas, apertura al dialogo en clase mediante preguntas y dudas, actividades extracurriculares, extra-aúlicas como visitas a museos, proponer tareas que potencien la autonomía impulsan la creatividad. Es importante que el docente preste atención a las propuestas de los estudiantes ya que pueden realizar aportaciones inesperadas y originales que contribuyan a la creatividad de nuevos escenarios de aprendizaje para beneficios de todos. No poner límites a las posibilidades de aprender y aumentar la educación (Elisondo, 2015) es indispensable para la creatividad.
Los autores para el desarrollo de procesos creativos están las autoridades, docentes, estudiantes, padres de familia, familiares, y la comunidad en general. Para finalizar es importante aportar con buenas ideas, propuestas que fomenten el pensamiento y la creatividad, fundamentadas en los contenidos curriculares y planificaciones.
Referencias
Craft, A., Hall, E. y Costello, R. (2014). Passion: Engine of creative teaching in an English university? Thinking skills and creativity, 13, 91-105
Elisondo, R. (2015). La creatividad como perspectiva educativa. Cinco ideas para pensar los contextos creativos de enseñanza y aprendizaje. Revista Electrónica Actualidades Investigativas en Educación, 15 (3), 1-23
UNESCO (2017). Proteger el patrimonio y fomentar la creatividad. Temas prioritarios de la UNESCO. Recuperado de https://es.unesco.org/themes/proteger-patrimonio-yfomentar-creatividad.
Glaveanu, V., and Beghetto, R. (2017). The Difference That Makes a ‘Creative’ Difference in Education. In R. A. Beghetto and B. Sriraman (Eds.). Creative Contradictions in Education (pp. 37-54). Nueva York: Springer International Publishing.

La reflexión presentada por mi compañera Rocío me ha parecido profunda, bien argumentada y especialmente inspiradora en el contexto de nuestra formación docente. Coincido plenamente en que la creatividad no es un acto espontáneo aislado, sino un proceso social y cultural, como lo plantea Glăveanu (2015), donde los sujetos interactúan con los objetos culturales desde múltiples lenguajes y miradas. Esta perspectiva nos invita a mirar el aula como un espacio vivo, lleno de posibilidades simbólicas y afectivas.
Me parece muy acertado el énfasis que Rocío pone en la transformación de la escuela desde una mentalidad creativa, pues innovar no es solamente implementar nuevas metodologías, sino cambiar la forma en que pensamos, sentimos y actuamos como educadores. Esa transformación implica valentía, autoconfianza y compromiso con los estudiantes, especialmente cuando —como bien se menciona— muchos de ellos se sienten desorientados y necesitan más guía y acompañamiento cercano.
Además, destaco el valor que otorga a la inteligencia emocional, el humor, la pasión y la apertura al diálogo, elementos que a menudo se descuidan, pero que son esenciales para un aprendizaje significativo. Me pareció muy importante el recordatorio de que la creatividad también nace de la escucha atenta a nuestros estudiantes, quienes tienen mucho que aportar si les damos la oportunidad de expresarse.
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