El texto de Martin-Gordillo y Castro Martínez nos invita a pensar en lo transformadora que puede ser la educación, si la pensamos desde el punto de vista del desarrollo social. Como una antesala a las ideas propuestas, los autores enfatizan en el legado que ha dejado históricamente la innovación, que muchas veces fue vista como ¨disruptiva¨. Si lo pensamos desde el punto de vista de la industria, vemos grandes alcances que se han logrado a cuestas de la noción de innovación, este debe ser un concepto no solo inherente a las sociedades sino también a la humanidad, ya que, como sujetos, siempre nos pensamos en la constante transformación en nuestras formas de ver, pensar, sentir las cosas; también esperamos una mejora en nuestros modos de vida.
Mencionan los autores que ¨La innovación en este sentido no solo es el medio, sino el fin principal de la educación¨. Nada debería ser monótono en nuestra práctica, será un ejercicio dinámico de acierto y fallo. Al final de cada año lectivo, es menester detenernos a pensar en qué hemos modificado de nuestras prácticas para alcanzar aquel cambio en nuestra pedagogía. En mi asignatura de literatura, por ejemplo, trato de abordar nuevas perspectivas sobre las lecturas asignadas, o bien, plantear nuevas interrogantes sobre lo que nos deja un texto, pienso que, en actos tan pequeños puede existir innovación, no podremos prescindir de ella.
Por otro lado, el texto señala que no basta con las acciones individuales sino también se debe recurrir a la organización, como sujetos, nos hacemos en comunidad, y podemos armar estrategias conjuntas que sostengan grandes ideas, se podría dejar, por lo menos un momento la idea de cómo evaluar, y aprender a disfrutar del proceso, no todo en la vida es tan cuantificable como nos los mencionan ciertos parámetros de la educación tradicional, también se puede medir en la capacidad de transformar y ser abiertos al cambio. Claro que en este camino se mencionan los márgenes de error, riesgos, contradicciones entre las mismas personas, pero es parte del proceso, y se debe confiar en él. La educación es comunidad, la educación es innovación o no lo será.

Estimada compañero, destaco estos aspectos interesantes de su reflexión pues sí es cierto que como docentes si pretendemos que nuestros estudiantes sean innovadores también es imperante que evaluemos nuestra práctica docentes. A través de ella podremos establecer ambientes enriquecedores para nuestros estudiantes donde se sientan libres de participar y sobre todo de colaborar con sus compañeros. De este modo podremos comprender una verdad fundamental “el ser humano es un ser social” y por ende debemos desde ya desarrollar en nuestros estudiantes y en nosotros mismo las habilidades para trabajar en equipo.