¿Es posible innovar dentro de un sistema educativo que sigue valorando la repetición y la memorización por encima de la creatividad y la colaboración?

A lo largo del texto, los autores señalan con fuerza que el discurso de la innovación educativa muchas veces no se traduce en la práctica cotidiana. La cultura escolar, marcada por la hiperregulación, la organización rígida del espacio y el tiempo, y la lógica tradicional de la evaluación, actúa como un obstáculo estructural.

Actualmente trabajo en el Museo del Carmen Alto, entonces desde la perspectiva museística, donde el aprendizaje suele ser lúdico, experimental y colaborativo, me resulta evidente que el potencial innovador está directamente ligado a la flexibilidad del entorno. En la escuela, sin embargo, los “espacios seriados” y los “tiempos repetidos” que describen los autores, refuerzan una lógica opuesta: la de la estandarización. La innovación, en estos marcos, queda marginada.

“La organización seriada de los espacios tiende a configurar también por defecto un único tipo de enseñanza […] y no suele facilitar la configuración flexible de otras posibles formas de aprendizaje” (Martín-Gordillo y Castro-Martínez 2014, 11).

Entonces, ¿es posible innovar en ese contexto? Sí, pero no es fácil. Se requiere voluntad, estrategias disruptivas y, sobre todo, una mirada crítica que permita identificar y sortear las limitaciones sin dejarse absorber por ellas.

Ahora dentro del contexto educativo me permito plantearles las siguientes preguntas a mis colegas, los cuales la mayoría son docentes, pero antes quiero yo responderlas.

¿Debería empezar la innovación por los docentes, por las políticas públicas o por una transformación cultural más profunda del sistema educativo?

Creo que es necesario trabajar en los tres niveles a la vez. Las políticas públicas pueden generar marcos que habiliten el cambio, pero si no hay docentes comprometidos y empoderados, las reformas se quedan en el papel. Al mismo tiempo, no podemos pedir a los educadores que innoven en solitario dentro de estructuras que castigan el riesgo y premian la inercia. En este sentido, como señalan los autores:

“Los docentes han de promover el trabajo en equipo, la colaboración, el diálogo y, en suma, la participación del alumnado” (Martín-Gordillo y Castro-Martínez 2014, 15).

En mi trabajo en el museo, he aprendido que las comunidades de práctica y los equipos colaborativos generan las condiciones ideales para la innovación real. Tal vez en el ámbito educativo formal deberíamos apostar más fuerte por construir esas comunidades desde abajo.

¿Hasta qué punto los propios mecanismos de evaluación son el mayor freno para transformar la educación desde adentro?

Aquí el texto es claro: la evaluación es la “clave de bóveda” del sistema. Cambiar cómo evaluamos podría ser el primer paso real para innovar. Desde mi rol de educador en un museo, donde el énfasis está en el proceso y no en el resultado, puedo afirmar que esto transforma la experiencia de aprendizaje. En cambio, en el aula, la evaluación sigue funcionando muchas veces como castigo o filtro, no como una herramienta de mejora.

“El aspecto más contradictorio con el aprendizaje de la innovación es el carácter radicalmente individualizado de la evaluación escolar” (Martín-Gordillo y Castro-Martínez 2014, 12).

Innovar sin transformar la evaluación es como querer correr con una pierna atada. Si queremos formar estudiantes capaces de colaborar, crear y resolver problemas complejos, debemos empezar por valorar esas mismas competencias en sus procesos de evaluación.

Adicionalmente, quiero compartirles este video, con el fin que la reflexión sea más profunda y contextualizada.

Referencia

Martín-Gordillo, Mariano, y Elena Castro-Martínez. 2014. Educar para innovar, innovar para educar. Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación. Madrid: OEI. https://www.oei.es/congreso2014/memoriactei/1672.pdf

3 Replies to “¿Es posible innovar dentro de un sistema educativo que sigue valorando la repetición y la memorización por encima de la creatividad y la colaboración?”

  1. Kevin menciona algo que a veces muchos esquivamos, la necesidad de una política pública, lo cual es necesario resaltar ya que como docentes o bien gestores culturales requerimos de recursos, apoyo y garantías, habiendo el capital humano y social necesario, faltarían ideas, iniciativa de nuestra parte, pero también la preocupación de un Estado que provea a sus ciudadanos, y que se interese en formarlos desde la innovación. La idea de comunidad también me parece transcendental, ya que se trata de eso, de trabajar en equipo y conjuntamente los organismos estatales, a no separarnos porque al final nos construimos con los otros.

  2. Tu análisis es lúcido y pone en evidencia una de las tensiones más profundas de nuestro sistema educativo: ¿cómo innovar en estructuras que premian la repetición y penalizan la experimentación? Me parece valioso el contraste que haces entre el entorno museístico más flexible y abierto y el aula escolar, donde predomina la rigidez espacial, temporal y evaluativa. Coincido contigo en que la innovación requiere transformaciones simultáneas: pedagógicas, institucionales y culturales. No basta con la voluntad individual del docente si las políticas y las lógicas del sistema permanecen intactas. También aciertas al destacar el rol de la evaluación como núcleo del problema. Mientras se mantenga centrada en lo individual y lo reproductivo, seguirá siendo un freno. Transformar la evaluación, como bien afirmas, es abrir la puerta a otras formas de enseñar y aprender, más colaborativas, críticas y significativas.

  3. Kevin, realizas un análisis comparativo muy pertinente entre el texto de Martín y Castro y tu experiencia en el museo, lo cual permite contrastar la realidad de una manera significativa y alternativa. En relación con la primera pregunta que planteas, considero que la innovación más relevante es aquella que surge del interés y la práctica docente en el aula. Desde allí es posible lograr un cambio verdadero, rompiendo con las “prácticas inerciales” y contribuyendo a la transformación continua de la educación.
    Sin embargo, es importante señalar que este no es un proceso aislado. La innovación educativa obtiene mejores resultados cuando se articula con otros docentes, los equipos directivos y las autoridades gubernamentales, siempre que todos estén alineados en el desarrollo de una cultura de innovación sostenida y compartida.

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