La lectura del texto Educar e innovar. Un viaje hacia el cambio educativo de Carlos Magro ha sido una provocación necesaria para repensar lo que entendemos por innovación en el ámbito educativo. Lejos de los discursos complacientes que asocian innovar con implementar tecnología o metodologías de moda, Magro nos recuerda que la verdadera innovación es un proceso profundamente ético, contextual y comprometido con el cambio social. Lo que más me ha interpelado es su crítica a la visión instrumental de la innovación, que muchas veces se vacía de sentido pedagógico. Como bien plantea el autor, innovar no es un fin en sí mismo, sino un medio para garantizar el derecho a una educación de calidad, equitativa y significativa para todos. Este enfoque me llevó a cuestionar mis propias prácticas: ¿estoy realmente generando espacios de aprendizaje transformadores o simplemente reproduciendo lo nuevo como sinónimo de lo mejor? Magro pone sobre la mesa una verdad incómoda: no toda innovación es educativa, y no toda educación necesita ser constantemente reinventada, si no responde a un análisis crítico del contexto. Como educador comprometido con la transformación, me quedo con la invitación que hace el autor a pensar la innovación desde el diálogo, la reflexión compartida y la acción colectiva. Es ahí donde cobra sentido, donde deja de ser una estrategia aislada para convertirse en una herramienta de justicia educativa. Este texto no solo informa, sino que incomoda, cuestiona y moviliza, cualidades esenciales de toda propuesta educativa que aspire a cambiar el mundo desde las aulas.
En el artículo Creatividad y educación: llegar con una buena idea, Romina Cecilia Elisondo propone una mirada profunda y transformadora sobre la creatividad como fenómeno complejo, integral y necesariamente vinculado al ámbito educativo. La autora no solo cuestiona visiones reduccionistas que limitan la creatividad al arte, sino que además plantea con claridad que educar creativamente supone romper estructuras rígidas, abrirse a la emocionalidad y reconocer la riqueza de lo extra-aúlico.
Luego de leer el texto, me han surgido múltiples inquietudes que considero importantes para debatir con ustedes compañeros. En este espacio quiero proponer tres preguntas que considero claves y que me gustaría comenzar a responder, no como verdades cerradas, sino como puntos de partida para abrir el intercambio. Me encantaría leer sus opiniones, ideas y desacuerdos: así generamos un verdadero diálogo colectivo.
1.¿Es la creatividad realmente un fenómeno educativo integral o sigue atrapada en el arte?
Aunque muchos discursos afirman que la creatividad puede encontrarse en todos los campos del saber, en la práctica muchas veces sigue confinada a las clases de arte o literatura. Como afirma la autora:
“Las comprensiones integradoras de la creatividad amplían de manera significativa las posibilidades de potenciar procesos creativos en contextos educativos” (Elisondo 2018, 153).
Quiero reflexionar sobre esta tensión entre discurso y realidad, y me interesa saber: ¿en sus experiencias docentes o académicas, sienten que esto está cambiando?
2. ¿Puede la escuela tradicional adaptarse a una educación centrada en la creatividad emocional y social?
La autora sostiene que las emociones y los vínculos son piezas clave en el proceso creativo:
“Los procesos creativos se despliegan en un complicado juego de emociones, preguntas, enigmas, sorpresas, pasiones y relaciones” (Elisondo 2018, 154).
En este sentido, ¿puede la escuela actual, con sus rutinas y estructuras, realmente habilitar un espacio donde esto ocurra? Yo tengo algunas ideas al respecto que compartiré, pero me interesa mucho saber cómo lo viven ustedes en sus contextos.
3.¿Hasta qué punto las actividades extracurriculares y contextos no formales son el verdadero motor de la creatividad estudiantil?
El artículo señala que los estudiantes reconocen con frecuencia que se sienten más libres y creativos fuera del aula:
“Los alumnos encuentran más oportunidades para desarrollar procesos creativos fuera de las aulas que dentro de ellas” (Elisondo 2018, 155).
Les invito a que compartan sus ideas, experiencias o incluso sus desacuerdos. Yo estaré encantado de responder cada una de estas preguntas con mi propia mirada, para construir juntos una conversación enriquecedora sobre los desafíos de educar para la creatividad.
Adicionalmente quiero compartir esta entrevista en la que participa Romina Elisondo y trata sobre la creatividad:
Referencia:
Elisondo, Romina Cecilia. 2018. Creatividad y educación: llegar con una buena idea. Creatividad y Sociedad, no. 27 (febrero): 145–166. http://creatividadysociedad.com/articulos/27/6.Creatividad%20y%20educacion_llegar%20con%20una%20buena%20idea.pdf.
Desde mi doble rol como docente y como estudiante de una maestría en innovación educativa ha sido una experiencia profundamente movilizadora. El libro no solo ofrece una mirada crítica y constructiva sobre la creatividad en los entornos escolares, sino que interpela de manera directa a quienes intentamos, desde la práctica y la teoría, transformar la educación desde dentro. Como estudiante de una maestría centrada en la innovación, muchas veces abordamos la creatividad como una herramienta necesaria para generar cambios, como una pieza clave en el diseño de propuestas didácticas más significativas. Sin embargo, Elisondo va más allá: nos invita a pensar la creatividad no como un instrumento al servicio de la innovación, sino como una forma de pensar, de sentir y de habitar el aula. No basta con aplicar estrategias creativas: necesitamos construir culturas escolares que valoren la exploración, el error, la curiosidad y la divergencia. Desde mi rol como docente, esta lectura me hizo revisar críticamente mis propias prácticas. ¿Estoy realmente habilitando espacios para que mis estudiantes desarrollen su potencial creativo, o sigo atrapado en estructuras tradicionales que premian la repetición y penalizan el error? La reflexión es incómoda, pero necesaria. Elisondo plantea que la creatividad no es un lujo, sino una necesidad en la formación integral de las personas, especialmente en contextos educativos que aspiran a ser innovadores y transformadores. Algo que destaco especialmente del libro es su mirada situada: reconoce que fomentar la creatividad no implica simplemente “hacer actividades distintas”, sino repensar las relaciones pedagógicas, los tiempos, los espacios y hasta los criterios de evaluación. En ese sentido, como estudiante de esta maestría, me interpela a incorporar una mirada crítica y sensible sobre cómo diseñamos nuestras propuestas de innovación educativa. En tiempos de cambios vertiginosos, donde se nos exige preparar a estudiantes para un mundo incierto, la creatividad no es una opción: es una brújula. Elisondo nos recuerda que no hay innovación sin imaginación, y que no hay transformación educativa sin una profunda confianza en la capacidad de cada persona para crear nuevas respuestas, nuevos caminos y nuevas preguntas. Este libro no solo me dejó ideas, sino también desafíos. Me impulsa a seguir construyendo una docencia más humana, más flexible y, sobre todo, más creativa.
En el libro de “Los Retos de la Educación en la Modernidad Líquida” de Zygmunt Bauman, expone la relación entre cultura y educación en el contexto de la modernidad líquida, donde las condiciones han experimentado una transformación significativa donde el autor reajusta el significado del tiempo en la educación, considerando la multiplicidad y divergencia de tiempos Bauman explora la transformación del tiempo lineal en un tiempo puntillista y fragmentario, lo cual influye en la concepción de la educación a lo largo de la vida examina la noción de identidad en la modernidad líquida, caracterizada por la fluidez y multiplicidad de identificaciones, en contraste con la idea de identidad como proyecto vital único de la modernidad sólida. • Modernidad Líquida y Educación: la relación entre cultura y educación en un contexto de modernidad líquida, caracterizado por la fluidez, la incertidumbre y el cambio constante. • Tiempo en la Educación: la necesidad de reconsiderar el concepto de tiempo en la educación, dada la multiplicidad y divergencia de temporalidades que convergen en el proceso educativo. • Transformación del Tiempo: En el tiempo lineal se ha fragmentado en un tiempo más puntual y discontinuo, lo que influye en la idea de la educación a lo largo de la vida. • Identidad Fluida: Se enfoca la noción de identidad en la modernidad líquida, marcada por la fluidez y la multiplicidad de identificaciones, en contraste con la identidad como un proyecto único y estable. • Desafíos Educativos: destaca la importancia de preparar a las nuevas generaciones para desenvolverse en un mundo con exceso de información, donde la educación debe empoderar a los individuos y fomentar una nueva ciudadanía más allá de los intereses puramente económicos. En resumen, el libro analiza cómo la educación debe adaptarse a las características de la modernidad líquida, abordando temas como el tiempo, la identidad y los desafíos de formar personas en un mundo en constante cambio.
El desarrollo de una atención equilibrada en el empleo de recursos, que brindan la posibilidad de originar productos útiles y emocionantes para la sociedad, cuando se enfoca en soluciones a vacíos que se originan o existen. Aun cuando no se origine ningún tipo de tensión, cuando parece que todo marcha bien y los procedimientos se están anclando bien en los proyectos, es cuando es más importante poder permanecer atento a los cambios o dificultades que se producen naturalmente en los procesos de aprendizaje. Construir un sistema de pensamiento a partir de la ética, que permita activar hábitos saludables, para enfocar esfuerzos prácticos en la labor escolar es todo un reto. Debido a que puede tornarse preocupante el ambiente, frente a la necesidad de respuestas inmediatas en los momentos donde se hallan limitaciones u obstáculos. Es usual que el desarrollo de proyectos genere cierto tipo de ansiedad y preocupación, en atención a nuestros deberes. El uso de cronogramas que generen alguna retroalimentación no es cosa sencilla. Claro, si no se cumpliera ninguno de estos efectos en el desarrollo de deberes, sería un indicador de que las herramientas que se están utilizando no están siendo utilizadas de manera correcta. En este caso, pedir ayuda o consejo de forma atenta, por experiencia es la forma más acertada de solucionar problemas.
Como docente de inglés en un contexto urbano de educación secundaria, he vivido en carne propia el desafío de adaptar la enseñanza a las transformaciones que impone la “modernidad líquida”, concepto propuesto por Zygmunt Bauman. Esta condición contemporánea, caracterizada por la constante inestabilidad e incertidumbre, ha modificado profundamente la forma de enseñar y aprender. Las metodologías tradicionales, centradas en la repetición de estructuras gramaticales y memorización de vocabulario, resultan insuficientes para formar estudiantes preparados para la fluidez y dinamismo del mundo actual. En respuesta, he adoptado prácticas pedagógicas más flexibles, como el uso de proyectos colaborativos, entornos digitales, y estrategias que permitan a los estudiantes aplicar el idioma en contextos reales y cambiantes.
Una de las manifestaciones más claras de esta transformación ha sido la necesidad de atender a la fragmentación de los vínculos sólidos. En el aula, esto se traduce en estudiantes con trayectorias educativas diversas, experiencias personales complejas y una relación instrumental con el conocimiento. Frente a ello, he procurado fortalecer un entorno educativo emocionalmente seguro, donde el idioma inglés no solo se enseña como una herramienta de comunicación, sino como un medio para que los estudiantes expresen su identidad, compartan sus preocupaciones y construyan sentido frente al mundo que los rodea. La enseñanza del inglés se convierte así en una práctica de acompañamiento, donde se integran habilidades de escucha activa, empatía y trabajo en grupo.
Asimismo, la valorización del aprendizaje a lo largo de la vida ha transformado mi rol docente: ya no soy la única fuente de conocimiento, sino una guía que promueve la curiosidad, la autonomía y el deseo de aprender más allá del aula. En este sentido, he incorporado recursos digitales como plataformas de autoaprendizaje, podcasts, blogs y redes de intercambio lingüístico, que permiten a los estudiantes explorar el idioma a su ritmo, según sus intereses. Este enfoque fomenta un aprendizaje más significativo, sostenible y adaptado a las exigencias del mundo laboral y académico.
Finalmente, la descentralización del conocimiento me ha obligado a repensar la enseñanza del inglés desde una perspectiva crítica. Más allá de enseñar reglas gramaticales o preparar exámenes, mi labor implica formar estudiantes capaces de buscar, seleccionar y evaluar información en inglés desde múltiples fuentes. El objetivo ya no es la acumulación de contenidos, sino la capacidad de usar el idioma como una herramienta para entender el mundo, resolver problemas y participar activamente en la sociedad. En este nuevo escenario líquido, la docencia se convierte en un ejercicio continuo de adaptación, reflexión y creación de oportunidades de aprendizaje relevantes para los sujetos del presente
En un mundo volátil, como lo define Bauman (2008) mediante el concepto de “modernidad líquida”, los constantes cambios (muchos de ellos impulsados por el mercantilismo) afectan incluso aspectos fundamentales como el tiempo y el conocimiento, que ahora se consideran activos. En este contexto, los rasgos de una educación ortodoxa (como las costumbres establecidas, los valores permanentes y los modelos cognitivos estructurados) comienzan a verse más como desventajas que como fortalezas (Bauman 2008, 37). Ante esta realidad, cabe preguntarnos: ¿qué importancia tiene la innovación educativa?
Este análisis debe centrarse en la innovación curricular como una alternativa que permita introducir cambios orientados a mejorar la educación en un mundo tan dinámico como el que habitamos. Se trata de avanzar hacia una educación que no se enfoque exclusivamente en los contenidos, sino que promueva el desarrollo de competencias, clave para la vida. En ese sentido, la innovación puede manifestarse en diversos aspectos: desde la contextualización y relevancia de los programas curriculares, hasta la adopción de metodologías activas que fomenten una participación más significativa del estudiantado en el proceso de enseñanza y aprendizaje.
Asimismo, la incorporación de la tecnología resulta importante, ya que permite desarrollar competencias digitales tanto en docentes como en estudiantes, lo cual es esencial para responder a los desafíos contemporáneos. A su vez, la planificación organizacional y el liderazgo educativo deben ser considerados pilares estratégicos en la toma de decisiones por parte de los gobiernos y entidades educativas, pues sobre ellos recaen las condiciones para que la innovación pueda surgir y sostenerse.
En este marco, el design thinking se presenta como una herramienta poderosa, ya que permite identificar una problemática mediante el contacto directo con los actores involucrados, recolectando información clave para la delimitación y definición del problema. A partir de allí, se pueden idear posibles soluciones y construir una representación de estas ideas, lo que se conoce como prototipado. Finalmente, el prototipo es evaluado por los propios actores para determinar si satisface sus necesidades, o si requiere mejoras para lograr una solución más adecuada (IDEO 2012).
La innovación educativa, especialmente desde una perspectiva curricular y metodológica, se convierte en una necesidad ineludible en este mundo cambiante. Lejos de ser una opción, representa una respuesta coherente y proactiva ante las transformaciones sociales, tecnológicas y culturales. Innovar no significa únicamente integrar nuevas herramientas o modificar contenidos; implica transformar la manera en que concebimos el aprendizaje, el rol del docente y la participación del estudiante. Solo a través de este proceso continuo y reflexivo de mejora podremos construir una educación más pertinente, inclusiva y eficaz para las generaciones presentes y futuras.
Referencias Bauman, Zygmunt. 2008. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Barcelona: Gedisa. IDEO. 2012. Design Thinking para educadores. Nueva York: IDEO.
La lectura del texto de Bauman, sin duda, es una invitación a la innovación; es un punto de partida que nos impulsa a actualizar constantemente nuestra manera de enseñar, no solo como docentes, sino, ante todo, también como personas. Pienso que, con esto, podemos empezar a salir de lo que conocemos como nuestra zona de confort, por ejemplo, abandonando nuestros hábitos de diapositivas con excesivo contenido. En la actualidad, una vez que decidimos innovar, nos enfrentamos a dos realidades que Bauman destaca en el contexto de la “modernidad líquida”: la inmediatez y el cambio constante. Niños, jóvenes y adultos a menudo ya no disfrutan tanto el placer de aprender a través de diversas formas o métodos, sino que desean completar una tarea en el menor tiempo posible. A nivel de la comunicación, esto también se refleja en la preferencia por contenido breve y concreto en las publicaciones, diseñado para llegar al público objetivo con persuasión. En conclusión, innovar en este contexto es enfrentar un desafío que busque modificar una realidad ya existente y, en lo posible, resolver una necesidad percibida. (Bauman 2007)
El «apetito de conocimiento» debería hacerse gradualmente más intenso a lo largo de toda la vida, a fin de que cada individuo «continúe creciendo» y sea a la vez una persona mejor. (Bauman,2007)
Hablar de los retos de la educación en la modernidad líquida es reconocer que la enseñanza-aprendizaje en los establecimientos educativos ya no puede funcionar como lo hacía en el pasado. Debe reinventarse para preparar a las personas a vivir en un mundo cambiante, incierto y complejo, manteniendo al mismo tiempo una base ética y humanista. Los jóvenes saben cambiar de dirección, adaptarse a circunstancias variables, detectar de inmediato los movimientos que comienzan a producirse actualizando y rectificando su propia trayectoria … De ello depende su supervivencia. (Bauman,2007).
El autor sostiene que la espera ha sido fulminada de la vida cotidiana, por lo que esperar se ha convertido en algo intolerable. Partamos de un ejemplo de lo más fundamental como es la alimentación la misma que ha sufrido cambios… hoy en día es muy común hablar de la comida rápida, para una población agitada, rápida y furiosa se ha convertido en un hábito, yendo por los famosos atajos siendo ahora más fácil comprar que hacer. Ciertamente lo menciona el autor: “Labores que solían efectuarse diariamente, en general sin quejas y a menudo con placer, han llegado a considerarse y experimentarse como una pérdida desechable, aborrecible y detestable de tiempo y energía.” (Bauman,2007). Por otra parte, el consumismo en los niños y jóvenes es el disfrute de las cosas de manera instantánea, efímeras.
En relación con el aprendizaje, en épocas pasadas el conocimiento permanecía en el sujeto convirtiéndolo en el centro del saber ya que gozaba de una privilegiada memoria y que era el lugar donde se almacenaba la información, siendo así una educación completa y terminada. Por esta razón, a Myers no le gustó lo que comprobó; hubiera preferido que la educación fuera juzgada como una empresa continua que dura toda la vida.
Hoy en día, ese aprendizaje pasa hacer caduco, aburrido sin interés, la juventud se proyecta para un proceso de nuevos conocimientos y lo encuentra de manera instantánea en los servidores, la nube, redes sociales y lo que está en auge la inteligencia artificial. A todo existe un grave problema la sobre abrumadora carga de información en el cual el estudiante se encuentra frente a una odisea discernir la información y rescatar lo importante de lo superficial.
El trabajo colaborativo a realizarse facilita la identificación de aquellos aspectos que deben ser modificados, mejorados, innovados o eliminados en las metodologías de enseñanza empleadas en el área de Lengua y Literatura para estudiantes de Segundo de Bachillerato. Generalmente, encontramos a estudiantes con un desinterés por la lectura profunda, dificultad para desarrollar el pensamiento crítico y la interpretación, y por el constante uso del celular el desplazamiento del lenguaje escrito por el visual o audiovisual.
Implementar metodologías activas, flexibles y conectadas con el entorno digital permite que la enseñanza de Lengua y Literatura responda a los retos de la modernidad líquida. El objetivo no es renunciar a los clásicos ni a la profundidad, sino cambiar la forma de acercarse a ellos, favoreciendo el pensamiento crítico, la creatividad y la conexión con la experiencia del estudiante.
Bauman, Zygmunt. 2007. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Editado por Gedisa. Primera. Barcelona.
MYERS, E. D., Education in the Perspective of History, Harper, Nueva York, 1960, p. 262.
“Debemos aprender el arte de vivir en un mundo sobresaturado de información” (Bauman, 2007, p. 46).
La innovación curricular puede entenderse como un proceso de transformación consciente, crítica y contextual del currículo educativo, que busca responder a los desafíos contemporáneos del aprendizaje y la enseñanza. A partir de las reflexiones de Bauman (2007), la educación en la modernidad líquida se enfrenta a un contexto inestable, fragmentado y acelerado, en el que los saberes tradicionales pierden vigencia con rapidez, y las necesidades del mundo actual exigen sujetos flexibles, críticos y autónomos. En este escenario, la innovación curricular no puede ser simplemente una adaptación superficial del contenido, sino una revisión profunda del propósito educativo.
Desde mi experiencia grupal, el proyecto de innovación curricular nos está permitiendo identificar que parte innovar, y ha reconocer las necesidades reales de los estudiantes, sus contextos, motivaciones e intereses. Innovar es también repensar las metodologías, las formas de evaluación, la organización del tiempo y del espacio escolar, e incluso el rol del docente.
Por ejemplo, en nuestro proyecto vamos a incorporar actividades interdisciplinarias, centradas en la resolución de problemas reales de la comunidad, lo que permitió conectar el aprendizaje con la vida cotidiana del estudiante. Por lo que Bauman 2007 menciona que “En el torbellino de cambios, el conocimiento se ajusta al uso instantáneo y se concibe para que se utilice una sola vez” (p. 29). Esta conexión, como señala Bauman, es fundamental, en un mundo donde el conocimiento ya no se valora por su permanencia, sino por su utilidad inmediata y capacidad de adaptarse a contextos cambiantes.
Lo que se consigue con la innovación no es solo una técnica, sino una resignificación del sentido de la educación. Se fomenta una educación más crítica, inclusiva y pertinente, que forma a ciudadanos capaces de actuar éticamente en una sociedad compleja.
En definitiva, la innovación curricular es un acto político y pedagógico que debe surgir del análisis crítico del presente y proyectarse hacia una transformación significativa del futuro educativo.
Bauman, Zygmunt. 2007. Los retos de la educación en la modernidad líquida. Editado por Gedisa. Primera. Barcelona.